TERETES.
La frente de los jubilados.
[Paco Velasco]

TeretesLa primera, en su frente. El follón económico, financiero y político que desangra a Grecia se ceba, en primer lugar, en la legión de personas jubiladas. Después de años de trabajo y de cotización, los que tienen más derecho a la recompensa al final de su vida laboral, con una mano delante y otra detrás. Ni la paga han podido cobrar. Qué más da que se excluya a este colectivo de pensionistas de los efectos del corralito si no tienen pasta que morder ni tarjeta que meter.

Mujeres y hombres agregan al peso de los años, la carga de una vida que les es esquiva en el umbral de la muerte. Poco e inasequible. Quién da menos. En la patria de la civilización occidental, los griegos mayores que cantara Píndaro (“Dulce acariciándole el corazón/como nodriza de la vejez,/la esperanza le acompaña,/la esperanza que rige, soberana,/la mente insegura de los mortales”) se sumen en el precipicio de la desesperación, por más que las leyes de ahora, como las de tiempos de Pericles, permiten suponer una defensa de la vejez al tiempo que una elusión masiva de su no acatamiento.

La mofa de los mayores, como tara que representa el deterioro inevitable del cuerpo, premisa, a su vez, antitética a la adoración de la belleza juvenil de los creadores helenos. Mucha defensa de sus consejos y poca obediencia a estos consejeros. Mucha Gerusía en Esparta y demasiado arcontado en Atenas. Mucho recuerdo y poca esperanza. Promesas varias y resultados que quitan el aliento. A una vida joven, fea y corta subsigue un episodio senil sin recompensa. Para qué envejecer si nos han arrebatado el lujo de la espera y las arrugas de nuestra alma ocultan los surcos de nuestra cara.

Acaso se quiera reeditar en nuestros días la práctica de la Grecia antigua encaminada a eliminar a personas de edad avanzada, en un adelanto inadmisible del tradicional “suicidio voluntario”. Basta repasar la literatura griega del período clásico para ver cómo se identificaba la vejez con el sufrimiento y la fealdad, y para mostrar la visión negativa de la sociedad contemporánea.

El corralito griego es un icono de los nefastos días que se avecinan sobre el trato a los ancianos. Los agujeros negros en las leyes de dependencia auguran futuros nada halagüeños. La escualidez de las pensiones avanza un tiempo negro de recortes insanos. Los abuelos que desprecian la tarjeta y se abrazan a la cartilla de ahorros para qué quieren la exclusión del corralazo si ellos no pueden beneficiarse de las ventajas de la norma. Y es que en el Libro de la Sabiduría del Antiguo Testamento, la ancianidad como mérito dejó de serlo y en el Nuevo Testamento, el viejo se asemeja más al chocho, al lascivo y al charlatán que al sabio. Los disparos, de nuevo a la frente de los jubilados. Jubilados tristes. Tristes jubilados.

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