DESDE BARCELONA.
Llegar a Cartaya.
[Jordi Querol]

jordi querol(Texto: Jordi Querol) Al llegar a Cartaya, la realidad física que periódicamente, cada verano percibimos, nos produce la misma sensación de sosiego y de bien estar de siempre, cada año es igual. Cartaya es una unidad llena de luz, es el centro de un agraciado e inmenso campo que transmite belleza por doquier. La mayoría de sus habitantes (los oriundos del lugar), reflejan este primor, todos ellos tienen una especial cordura y sentido común. Sin apenas  comentarlo, son sabedores de su suerte. Tienen mar, tienen un hermosísimo pueblo y, sobre todo, tienen el mencionado campo, unas tierras en las que se desarrollan con tremenda facilidad productos excelentes; en sus huertas crece de todo.

Al llegar a Cartaya, el primero que me regala melocotones y sandías es Ramón (en su día fue el mejor maestro albañil del mundo), un excepcional profesional. Ahora, ya jubilado, cultiva su pedazo de tierra, al igual que lo hacen muchísimos cartayeros de edad similar. Cuando como los mencionados melocotones pienso en los que degusto durante el invierno en Barcelona; aquellos son otra cosa, son distintos, son simplemente malos. Seguramente en el circuito previo, o sea, durante el tiempo que acontece desde que dejan el árbol hasta el momento de comerlos, hay mucho almacenamiento. Sea lo que sea, los melocotones de Ramón son una delicia.

En ‘Ca Cardenas’, el bar donde bebemos vino blanco y charlamos, he visto infinidad de veces como los cartayeros intercambian productos agrícolas. Son jubilados como Ramón que pasan largas horas del día faenando en su parcela agrícola. Si uno produce patatas, sus excedentes los   regala, recibiendo otro día de un compañero, tomates o melones. Es como la Europa Unida pero sin directivas, contratos y rescates. Es una unión moral, simplemente basada en la amistad de siempre. Por eso he dicho antes que Cartaya es una unidad. Lo es porque tiene asegurada vida propia. Esto ocurre gracias al inmenso y productivo campo que la rodea y define. Además de todo eso, Cartaya es ponderada y cortes. A los de ‘fuera’ nos recibe con buen agrado, y a cambio, solo pide una cosa: un comportamiento adecuado. A mí comportarme apropiadamente me es muy fácil. Llego a Cartaya para descansar, para saborear mi pausa (mis vacaciones), o sea, mis ganas de mirar, aprender y escuchar. En Cartaya se me agudizan los sentidos y, por lo tanto, observo mejor. Solo llevo un par de días en esta tierra y ya noto que soy otro y, lo mejor de todo: los días me parecen algo más largos que en Barcelona. Esto último no tienen precio, es como un preciado y descomunal regalo.

De golpe, en Cartaya, inaugurando mi jornada con la media con aceite y el ‘manchao’, inmerso en el matinal e inigualable vocerío femenino del bar ‘En la esquinita te espero’, he olvidado a los asesinos locos con pantalón vaquero, a los terroristas con turbante, a los griegos, a Mas, a Rajoy, a Ada Colau, a  Cuni, a Laporta, y a Pilar Rahola. Con esta paz, estos melocotones, y estos largos silencios de las noches de Cartaya uno no añora nada, simplemente deseas continuar gozando de las infinitas posibilidades que nos ofrece esta pausa vacacional llena de paz. Una vida sin asesinos, sin referéndums, sin independentistas, sin ineptos, sin rencores, sin malicias, sin tantos sabios y, sobre todo, sin anuncios ni prisas.

3 Responses to DESDE BARCELONA.
Llegar a Cartaya.
[Jordi Querol]

  1. Mari Carmen diad

    Verdaderos cuentas esta sabiapersona. Ramon un buen maestro albañil donde los haya, cuidadoso en sus trabajos y que decir de esa taberna de Cárdenas regentada en antaño por Tomasa. Cada uno echa su vasito de vino, intercambian los frutos…
    Este señor me ha hecho acordarme de mi padre… … Manolito “Orejano” así le apodaban lo daba todo y en nuestro campito sembraban unos y otros, mi madre decían que iban al Corte Inglés… … en fin por unos minutos me ha hecho recordar cosas perdidas en el tiempo.

  2. Me parece bien esa reflexión sobre Cartaya, pero ha pensado usted en el maltrato que se le procesa a los animales… Da pena ir por sus bellos parajes encontrando animales abandonados al capricho de sus dueños como si los pobres animales no tuviesen necesidades. Eso deja mucho que desear de la bondad de algunos de sus habitantes.

    • Como si eso solo ocurriese en Cartaya, verdad? En fin, a mi juicio tu comentario no tiene nada que ver con este artículo. Es cierto que hay animales abandonados, muy a mi pesar (estudio veterinaria), pero para tu información ya existen asociaciones y estamos trabajando en ello.
      También decirte que vivo fuera de Cartaya por estudios y aquí, como en todos lados, hay muchos animales abandonados. Personas que abandonan y no tratan bien a los animales hay en toda España y estoy segura que también habrá en tu pueblo o ciudad, pero eso no es motivo para calificar la bondad de un pueblo entero.

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