TERETES.
La Costa Azul endogámica.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) Hay historiadores que sitúan la causa de la desaparición de los Austria españoles en la endogamia, a juzgar por las alteraciones genéticas que provocó. La endogamia es una práctica común en numerosos grupos étnicos con el fin de crear bloques cerrados que favorezcan los intereses del poder. El resto de la población pasa a ocupar el rango social de parias o de intocables. La famosa lucha de clase diverge, en este sentido, hacia el conflicto permanente entre explotadores y explotados.

En política, un tanto de lo mismo. Me da igual el tándem Felipe González con su exesposa que el dúo Aznar-Botella. Ninguna de las señoras desmerece la categoría de los caballeros, pero, al parecer, ni en un partido ni en el otro, la valía de los militantes superaba a la de las dos egregias damas. El gran debelador, de boquilla, de la casta, don Pablo Iglesias, no se queda corto a la hora de favorecer el status y si no fíjense qué puesto de la trepa ocupa Tania Sánchez. Ya en la universidad, el líder de Podemos dio muestras crecidas de la castidad y honradez de su verbo y en su actividad pública nos ha regalado excelentes muestras de lo que es la demagogia más rampante y grosera de llevar a su ejecutiva a quienes firman como su guardia pretoriana. La voluntad de regeneración es tan débil como amplia su ambición de alcanzar lo que tanto despreciaban.

Ada Colau ficha a su novio y Carmena a su sobrino o pariente cercano. La lista se haría interminable. En Huelva, la familia tiene una sonora lista de colocados institucionales. No importa la adscripción. Basta fijarse en quiénes ganan las elecciones o en quiénes contribuyen a coaliciones de conveniencia no pública.

Y digo esto, porque en España estamos contagiados hasta el tuétano de la enfermedad maligna de la endogamia política. Leí a alguien que decía que las utopías significan ausencia de lugar y que las ucronías se definen como reconstrucciones históricas de acontecimientos no ocurridos pero que han podido suceder. Y es verdad. Cuanto más nos revelemos como zahoríes en esta película de terror, mayor será la victoria de nuestros vaticinios. El carnet es la llave que obra el milagro de abrir las puertas blindadas de los empleos, de las oposiciones, de los concursos, de los contratos y del sagrario profano del partido sectario.

De aquí a la dictadura, la misma corta distancia de la democracia a la oligarquía. No es ya un problema de subconsciente, que diría Freud, no. Estamos ante un aquelarre de conciencia real que se fragua en la concavidad del apaño y del amaño.

En Huelva, el líder, ejem, de Ciudadanos, acaba de meter a un cuñado entre la red de asesores de la Diputación Provincial. No ha hecho más que llegar y el cazo dispuesto a las prebendas. Y lo que más fastidia: que el nuevo político de turno asegure que esa asesoría no se entrega en función de ser el marido de su hermana, sino de la categoría profesional del agraciado por la lotería manipulada.

Ni Podemos ni Ciudadanos ni el rayo de la muerte. No hay quien termine con la endogamia política. Por cierto, que apliquemos a todos la misma vara de medir. Si a algunos les parece bien la “versión original” creada e interpretada por Manuela Carmena, que a mí me repugna, se manifiesten en el mismo sentido si algún día, un iluminado del PP o del PSOE, sobre todo de la derecha, decide utilizar la batuta de la orquesta institucional para hacer exactamente lo mismo. Me seguirá dando idéntico asco.

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