TERETES.
Desaforados.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) Me preocupa la ruptura de España. Las actitudes secesionistas de Cataluña nunca alcanzaron la actual categoría de probabilidad. Sin embargo, estas manifestaciones forman parte de lo cotidiano en los medios de comunicación de hoy. Lo mismo un edil andaluz suprime el busto del Jefe del Estado que una alcaldesa de cierto pueblo valenciano prohíbe el himno nacional o se oculta la bandera nacional tras el cortinón de un regidor aburrido.

La libertad de expresión es un derecho fundamental que recoge la Constitución que unos muchos se empecinan en arrastrar por el fango hasta eliminarla. Esa libertad se convierte, como otras, en un fuero que privilegia a los demoledores de las instituciones sin que hayan de responder ante los tribunales. De esta manera, los aforados de la Carta Magna adquieren un protagonismo público gratuito que les hace inmunes a las querellas. Son los bomberos pirómanos en cuyas manos estamos cayendo los inquilinos de casas extremadamente combustibles.

La reforma constitucional que se intuye, deberá abordar el problema de la defensa de la democracia puesta en solfa por grupúsculos minoritarios ávidos de hacer estallar las normas que se niegan a cumplir. El rey felón que se ciscó en la Constitución de 1812, parió sus secuaces poco después del  alumbramiento de 1978. Entre ambos polos históricos, el denominador común de los desaforados que se benefician del fuero, de los totalitarios que aprovechan la debilidad del sistema y de los antidemócratas vestidos de fascistas o disfrazados de comunistas radicalizados. Una práctica consustancial a todos ellos es dinamitar las libertades desde dentro del castillo, haciendo creer a la mayoría que son los guardianes de las esencias de las leyes emanadas del pueblo.

El desaforamiento implica alterar las reglas de competencia judicial penal (objetiva, funcional y territorial) en perjuicio de determinadas personas, que tienen deber a ser encausadas y juzgadas por  tribunales previamente señalados. No se trata, sin embargo, de reprochar a los más de diez mil españoles que se regodean de su status, no. Lo que se persigue es poner de relieve el caudal de venganza política que caracteriza a los del PP cuando sacan de quicio su responsabilidad en la generación de residuos sólidos de corrupción. O denunciar la calculada veleidad del PSOE, émulo del bien vivir de sus compañeros de derechas y eternos aspirantes a la candidatura del “imposible ser más de izquierda que ellos”. En este sentido, los exabruptos de los partidos emergentes del sincorbatismo se precian del alto grado de excreciones de falsa retórica donde nadan.

España nos duele a millones de sus hijos. Ese dolor se acrecienta cuando duques de lerma, rodrigos calderones y felipes de Austria quieren hacernos creer en la justicia de nuestro desafuero y en la prerrogativa divina de su fuero. Los desaforados son ellos, los que se escudan tras ellos y quienes creen que el agua del Duero no viene del Pisuerga.

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