VENTANA DEL AIRE.
Esto del estío.
[Juan Andivia]

juan andivia(Texto: Juan Andivia) Hay que ver la alegría que se siente cuando, olvidándose de la imagen propia, se fija uno en las de los demás, especialmente en la playa, donde exceptuando la juventud y no toda, los deportistas y no todos y los practicantes de vóley “ad hoc” la mayoría de los exhibidores muestran sin pudor aparente el grado de decrepitud al que es capaz de llegar la especie humana.

Tripones y culonas, mamas caídas o siliconadas, sujetadores que no sostienen, braguitas que se camuflan en parajes recónditos, meybas por debajo del orondo ombligo o, peor, por encima de él, delgadeces, explosiones sebáceas, negruras y palideces, todo el paisaje de penurias y excesos, o defectos que confundirían a los extraterrestres que quisieran clasificarnos en una misma familia biológica.

Por otra parte, los encandilados narcisistas, las chicas de plástico y los niños desnuditos (todavía), con sus madres preparándoles la tortilla con arena y el filetito empanado; los abuelos futbolistas y los seudotenistas que despeñan sus barrigas de nata en cada supuesta volea.

Y es que, como todos sabemos, las orillas de los mares son también pasarelas de los peores sastres y de un Creador al que se le ha ido estropeando una mercancía que alguna vez sería de calidad. Los desfiles, que deben ser indiscriminados, demuestran al observador que para perpetuarse hace falta muchas veces algo más que el instinto, o quizá únicamente eso; y nos introducen en reflexiones profundas sobre la gravedad y las proporciones, la calvicie y nuestro origen darwiniano, la decoración y la perforación corporales,  lo contingente,  lo necesario, la cirugía y la eutanasia.

Realmente, la lección que procede es que, una vez más, somos los humanos quienes estropeamos la naturaleza, que estamos estupendos, iguales de estupendos, que nadie tiene derecho a criticar a nadie por el aspecto físico y que nuestra belleza sigue estando en el interior o, al menos, es lo único que nos queda por esperar, porque quien no se consuela en estos menesteres es porque no va a la playa, o porque quiere compararse consigo mismo, infalible manera de salir perdiendo.

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