Laberinto social.
Bugchasing suicida
[Federico Soubrier]

federico soubrierEl termino Bugchasing, cuya traducción al castellano vendría a ser “cazar el bicho”,  se aplica a aquellas personas (bug chaser) que, a través de una práctica sexual sin ningún tipo de protección  efectuada a sabiendas con individuos infectados del VIH, pretenden contagiarse de la enfermedad del SIDA.

Cualquier ciudadano de a pie se echaría las manos a la cabeza y pensaría que semejante barbaridad es imposible o al menos, que de ser cierto,  sería inexplicable.

La primera noticia que hace referencia a este tema apareció en la revista RollingStone allá por el año 2003, en un artículo titulado “In Search of Death”, el cual generó el correspondiente revuelo mediático entre los defensores y detractores de su veracidad. El asunto se llevó a la gran pantalla con el cortometraje “Bug chaser”  y también a la pequeña, en varias series televisivas americanas.

Una de las versiones más sorprendentes de este extraño “juego” es la ruleta rusa, orgía normalmente organizada por varones entre los cuales se encuentra un seropositivo y en la que la suerte dictaminará quién será el infectado. En varias entrevistas las personas que la practicaron confiesan que se arrepentirán toda su vida.

Pensando qué puede llevar a alguien a realizar semejante locura me viene a la cabeza aquel funámbulo que atraviesa por un cable el espacio que separa la cima de un rascacielos de otro, consciente de que su abuelo murió en otro intento, o el torero que tras varias cogidas graves vuelve a vestir de nuevo traje de luces. Realmente aquí descarto los posibles beneficios económicos y me quedo con el morbo,  la excitación, la adrenalina y el comprobar si se puede sobrevivir al acto.

Desecharía como fin el suicidio, ya que no es una manera rápida ni mucho menos placentera de morir, existiendo mil modalidades más seguras de llevarlo a cabo. Más bien, entendería que influyesen ciertas implicaciones masoquistas que, en última instancia, pretendiera infringirse dolor a largo plazo.

En cualquier caso, socialmente creo que denota un hastío de los placeres habituales relativos al mundo sexual en busca de un estímulo nuevo, que extrañamente pueda dar sensación de vida, algo parecido a realizar un salto desde la estratosfera, nadar entre tiburones o manipular serpientes venenosas sin ningún tipo de fin profesional. O tal vez, el pretender integrarse en un grupo concreto, quedando unidos de por vida o al menos compartiendo el mismo problema.

La mente humana, esa de los que empleamos la mayor parte de nuestro tiempo trabajando para tener calidad de vida, debe haber entrado en un proceso degenerativo que, al llegar a un mandato de autodestrucción, ha tocado fondo.

Afortunadamente todavía somos mayoría los que encontramos suficiente placer en un café, un libro, una melodía, una puesta de sol  o en un bis a bis, a ser posible extrapenitenciario.

Federico Soubrier García

Sociólogo y Escritor

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