TERETES.
La desaparición.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) Sabino Cuadra, don Sabino, es, merced a la Constitución de 1978 que los españoles nos dimos tras la muerte de Franco, diputado en el Congreso por la formación Amaiur. La España democrática de la concordia se fortalece al integrar en su seno a sujetos políticos nada proclives –incluso beligerantes- al respeto a las instituciones respaldadas por la mayoría de los ciudadanos.

El señor Cuadra ha protagonizado recientemente un acto en el que nos ha regalado las esencias de su afinidad dictatorial y ultramontana. El congresista, ataviado con prenda interior/externa donde mostraba su sentir por la bandera secesionista de Cataluña, se ha tomado la facultad de romper algunas páginas de un libro que recoge el contenido de nuestra –de todos- Carta Magna. Y ello, porque al hombre le repele todo aquello que se refiera a la indisoluble unidad de España.

A todo esto, lo que fastidia es comprobar la tibieza, cuando no la nulidad, de las reacciones a tan antidemocrático acto dentro del escenario cumbre de la representación de la soberanía popular. El señor Posada, don Jesús, ni siquiera ha pasado de censurar la acción del diputado alavés. Para qué, se dirá el presidente de la Cámara Baja, para qué. Si el cabeza de lista remolonea y se santigua mientras reza en voz baja: “virgencita, que me quede como estaba”, los padres de la patria (menuda patria con tales progenitores) se han tentado la ropa y, salvo algunos que todavía mantienen su dignidad, han salido silbando el cara al sol mientras ponían cara de no haberse enterado de la misa.

Al menos, Rosa Díez ha tenido arrestos para levantar la voz. Carmen Rodríguez, otra mujer, no se ha quedado atrás. ¿Y los demás? Ni se les espera. Manda narices. Pero éramos pocos y parió la lengua de don Pablo, sí Iglesias, para enmendar la plana a quienes optamos un día por el advenimiento de una norma suprema que erradicara las arbitrariedades propias de un Estado tiránico: “Sabino Cuadra no es un diputado de Amaiur, ni de la Izquierda Abertzle, ni un diputado vasco. Es un diputado del pueblo (de cualquier pueblo)”. Y tan ancho. Como si Amaiur no fuera el fruto del podrido vientre de Aralar y Eusko Alkartasuna. Como si las citadas organizaciones nunca tuvieron que ver con la banda terrorista.

La desaparición forzada es una estrategia de terror. ¿O no, Stalin, Pinochet y otros compañeros de mala cuna? Querer acabar con una Constitución democrática responde a los mismos sujetos y a idénticos fines que se desprenden de personas molestas. Si Amaiur es una organización, el marqués de Sade es el Papa Francisco. Organizar es poner algo en orden. En orden, que no conducir al caos. Con lo fácil que sería reformar o modificar legalmente la Constitución. Con lo peligroso que sería cambiarla por otro remedo de los Principios Fundamentales del Movimiento Secesionista.

Peores tiempos hoy que ayer. Mejores que mañana. Alguien escribió que la tiranía totalitaria nunca se edifica sobre las virtudes de los dictadores. El totalitarismo es el resultado macabro de los defectos y de las ausencias de los demócratas.

¿Y España? Que le pregunten a Trueba, ese hombre.

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