Diputación participa en la creación de una escuela de formación agropecuaria en Malawi

Se pretende poner en regadío un área de 300 hectáreas y abastecer a una población de más de 20.000 habitantes

Malawi Malawi1 Malawi2El Área de Cooperación Internacional de la Diputación de Huelva está participando en un proyecto para la puesta en marcha de una escuela de formación agropecuaria en Malawi y la transformación de una zona rural en regadío como estrategia para garantizar la seguridad alimentaria. El proyecto, coparticipado por otras entidades locales andaluzas, se inició en el año 2007 con la construcción de dos embalses con capacidad de almacenamiento de agua de lluvia de unos 100.000 m3 que permitirán la puesta en regadío de un área aproximada de 300 hectáreas y que pueden llegar a abastecer a una población de más de 20.000 habitantes.

En Malawi, un país con uno de los mayores índices de pobreza del mundo, el 85% de la población depende de una agricultura de subsistencia muy rudimentaria, expuesta totalmente a las variaciones del clima y con los suelos poco fértiles. Todo esto deja a la población en situación vulnerable, con brotes cíclicos de hambrunas, especialmente durante la estación seca.

Como asegura Sonia Moreno Berrocal, quien estuvo el pasado año como voluntaria en el marco del programa y actualmente forma parte de la asistencia técnica del proyecto, “con este proyecto se podrá no solo asegurar disponibilidad suficiente de alimentos, sino además, la obtención de pequeños ingresos para facilitar la educación y atención médica en un país donde los servicios básicos no son gratuitos”.

Para atajar este problema, el proyecto trabaja sobre dos vertientes: una red de regadíos y una escuela agropecuaria. Con la red de regadíos, según Sonia Moreno, “se facilita el acceso al agua a fin de romper la dependencia de las condiciones climatológicas y garantizar, al menos, una cosecha al año; se extiende el periodo de cultivo a la estación seca posibilitando disponer de más alimento y, por último, se amplía la variedad de cultivos enriqueciendo la calidad nutricional de la dieta”.

A través de la escuela agropecuaria, se proporcionan los conocimientos necesarios para adaptar la forma de cultivar a todos estos cambios y dar respuesta a los problemas específicos de la zona: técnicas para promover la fertilidad y conservación de suelos, el uso adecuado del agua, la familiarización con nuevos vegetales y las mejores prácticas de cultivo orgánico para aumentar la productividad de forma sostenible.

En su segundo año de funcionamiento la “Escuela de Capacitación Agraria San Pablo” ha prestado formación a más de 35 alumnos desde el inicio de curso. El perfil medio es el de un agricultor de 25 años que no ha completado su educación primaria y que no posee tierras propias. En la escuela agraria los alumnos no sólo aprenden cómo hacer compostaje o establecer semilleros, sino más importante aún, los principios ecológicos detrás de estas prácticas, ayudándoles a entender mejor los distintos procesos y, por tanto, a cambiar su visión y manera de hacer agricultura.

El compromiso de los alumnos que están siguiendo el curso completo demuestra hasta qué punto perciben positivamente la experiencia. Así, Sonia Moreno nos habla de Bolyx, quien “no falta ni un día a clase a pesar de compaginar la escuela con el instituto y el trabajo en el puesto de mercado de sus padres”. Arab tiene dificultades para caminar y recorre a diario 8 km para llegar a la escuela y Simione, de 67 años, apenas sabe leer y escribir pero está dispuesto a aprender a hacer “lo de siempre” de un modo nuevo.

Aunque sencillas, estas técnicas “ya están empezando a cambiar el paisaje horticultor de los alrededores. Tan sólo un año después del inicio de la escuela no es extraño encontrar terrenos con cobertura vegetal o árboles frutales recién plantados entre los surcos de maíz”.

Un proyecto tan ambicioso como este, que implica a largo plazo un cambio radical en la vida de muchas familias, requiere, según la voluntaria en Malawi, “de tiempo y de la participación de las comunidades implicadas”. Por eso, desde el Área de Cooperación se sigue apostando por programas de desarrollo que contribuyen a que estos cambios sean posibles.

 

 

 

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