Laberinto social.
Necesitamos un hacker bandolero
[Federico Soubrier]

federico soubrierLo encontré como siempre, con el cigarro encendido diestramente asido entre sus dedos índice y anular, un corto café solo y su chupito amarillo servido en uno de esos vasos para el aguardiente. Pero hoy le notaba algo diferente. Mientras pasaba metódicamente las páginas del periódico mascullaba:  –A Sierra Morena mandaba yo a estos cabrones, al siglo 19, cuando los bandoleros ponían firme al rey Fernando y le dieron a mi bisabuelo reales para que pasase el Invierno.

Charlamos un rato y la conclusión tras varias carcajadas se tradujo en que todos los asaltos románticos necesitan que en el atraco se vea involucrada una bella dama y alguien que se dedique a robar a los ricos para repartir entre los pobres, como hiciera en su día José María “El Tempranillo”. Necesitamos con urgencia un hacker que sea bandolero y emule a aquellas figuras que fueron primero héroes y, después hasta alguno, mártir del pueblo.

Dicho personaje,  para no remitirse a la zona de una serranía y poder hacer extensible su acción a toda la población necesitada, debería tener profundos conocimientos  informáticos, a la vez que manejarse a las mil maravillas en las redes y ser poseedor de suficiente capital o no le darle importancia al dinero como para no verse tentado a quedarse con el botín.

Coincidimos en que asumimos bobamente que todo aquel que defrauda cometiendo delitos fiscales o hunde bancos, libando los ahorros de toda la vida a pobres jubilados o simplemente sume en la indigencia a la población con engaños electorales o sin ellos, puede irse de rositas o cumplir unos añitos de cárcel para poco más tarde con el tercer grado penitenciario, es decir, de régimen abierto, en semilibertad, que sorprendentemente hay quien consigue al año de condena , se dedique a fundirse el infinito capital que le queda en su paraíso fiscal, bien sea Andorra, Suiza o Islas Caimán, partiéndose de la risa. Por alguna extraña razón la riqueza de todos parece que no es de nadie.

Llegamos al acuerdo de que no estaría mal que nuestro bandido, a quien usted le puede fijar personalidad, hombre, mujer, gordo, flaca, con gafas culo de botella, lentillas o sin ellas, el Zorro, Batman, Sean Connery o Catherine Zeta-Jones, fuese capaz de informáticamente traspasar todo ese dinero perdido, sin importar dónde se encuentre que a la postre es o mejor dicho fue nuestro, y ubicarlo digamos, por ejemplo, en las cuentas de los que se encuentran inscritos al paro.

De paso a él se le ocurrió que podría alterar los recibos que prometieron no subir y machacaron con más impuestos, para aumentar la cantidad compensatoria en su cartel,  ese de se busca vivo o muerto.

Buscar a alguien con la suficiente habilidad para aumentar sencillamente a un nivel  ecuánime los sueldos y las pensiones, dándole prioridad a ese vergonzoso nivel de pobreza de “salimos de la crisis” que nos sitúa los penúltimos de Europa, rebajando a los de arriba y subiendo a los necesitados, los que no trabajan o los que están el  tajo, haciendo que corran los euros como el agua cuesta abajo.

Convenimos que tal vez no sería mala idea sustituir ese inocuo senado, a la vez que el parlamento, por un ordenador adecentado, con normas igualitarias, visualizador del devenir de los gastos e ingresos nacionales, que vigilase el producto interior bruto distribuyendo equitativamente la renta per cápita del país. Quizás el futuro al final andará por ahí.

De momento decidimos que necesitamos un bandolero decente, con humor y filibustero, que ría el último y no el primero.

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