VENTANA DEL AIRE.
Lenguajes de aluvión.
[Juan Andivia]

juan andivia(Texto: Juan Andivia) Parece que, gracias a la prensa digital, aquellas fidelidades a los medios de siempre se están debilitando de tal modo que producen resultados contradictorios. Por una parte, se han reducido las empresas, ya que el periodismo “de papel” no ha resistido el empuje de internet, como tantas cosas; siguen los más fuertes y los que sirven a otros intereses aunque, en ocasiones, coincidan. Por otra, el partidismo y la exageración han espigado, entre los lectores libres, quienes son capaces de comulgar con sus ruedas de molino e incluso alardean de llevar en sus manos, o bajo el brazo su abecé, el país o el mundo de toda la vida.

También se han producido efectos positivos, como la profundización, el reportaje, la crónica y la opinión, y no solo cuando hablamos de periodismo impreso.

Así las cosas, vamos hacia la comunicación instantánea, que era patrimonio de la radio en tiempos pasados, con todos sus beneficios y defectos formales y estamos asimismo ante una literatura nueva que refuerza los subgéneros que exigen escribir bien.

La libre expresión repentina, ya sea por un “tuit” escapista o por una conexión inesperada no queda exenta de los preceptos básicos de la correcta comunicación y ha de ser, por tanto, coherente, adecuada y respetuosa de las normas. La limitación de caracteres no puede ser una excusa, ni la ausencia de un guion para el profesional, aunque el particular pueda hacer de su capa un sayo y, para ellos, twiter ya ha anunciado la ampliación de los ciento cuarenta en los mensajes personales.

La mayoría de autores que hoy conocemos y han pasado o pasarán a la historia de la literatura cultivaron y cultivan el periodismo y, aunque también emitan algún píopío, generalmente se prodigan en el periodismo impreso y con calidad.

El uso de wikipedia o del lamentable, hasta en el nombre, rincón del vago, no deben de ser más que fuentes de aluvión que evidenciarán, poco a poco, su inmadurez y dejarán paso a un conocimiento de pantalla, que no de hojeo, pero que separará lo bueno de lo malo, lo auténtico de lo improvisado, de la misma manera que se hacía antes, aunque con mayores oportunidades.

Por tanto, la misión educadora debe ser, más que nunca, la de enseñar a elegir, aunque siempre haya debido ser así en los espacios de libertad.

Da igual leerse una buena obra en un “ebook” o en un tomo (sin duda yo prefiero el tacto del papel y el olor del libro y lo que representa), porque lo importante es leer, que sigue siendo la mejor manera de viajar y de volar.

Y no sirven las excusas de que todo el mundo pone “k” por “que” y olvida las tildes (o las desconoce): todo el mundo no; es más, hay quien utiliza las redes para encontrar tecnología, literaturas, imágenes y sensibilidades comunes, antes lejanas: Sí, y contactos, pero ya esto es cuestión de prioridades.

 

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