Las generaciones poéticas onubenses: ‘Juan Ramón de fondo’

(Texto: Rafael Núñez Rodríguez y Alejandro V. Bellido) Con la figura de Juan Ramón Jimenez siempre presente. La poesía Onubense seguía teniendo ese dechado en su brújula poética. De ahí que en el verano de 1986, Manuel Garrido Palacios dirigiera la antología que hoy nos ocupa. En ella podemos ver nombres de sobra conocidos como Jesús Arcensio, José Manuel de Lara, Manuel José de Lara, Rafael Delgado, Francisco Garfías, Rafael Manzano, José Baena, Manuel Sánchez Tello, Juan Cobos Wilkins, Abelardo Rodríguez, Juan Drago y Diego J. Figueroa. Todos ellos poetas fundamentales de la década de los ochenta hasta la actualidad. Alguno como Jesús Arcensio seguía presente entre los más jóvenes como podemos ver en esta antología.

El pequeño volumen que publicaron recoge en su mayoría composiciones que imitan al Nobel. En la breve introducción que le dedica Manuel Garrido Palacios a la antología explica cómo se entregó a esta labor casi con un misticismo poético que le llevó a rodar y amar la producción de este volumen. El documental se financió con ayuda de Televisión Española.  Repasemos algunas de las intervenciones en la antología. En primer lugar aparece el que sería con casi toda seguridad el más veterano de este grupo de poetas: Jesús Arcensio, que colaboró con dos sonetos. En el primero llora la ausencia y muerte del Nobel. Se lamenta de no haber podido conocerlo en persona, mientras que la muerte y la eternidad son los dos puntos de encuentro en donde Arcensio y Juan Ramón se podrán encontrar según el poeta de Galaroza:

No hay más muerte que el sueño y el olvido.

Y, en mi memoria, tú estarás despierto

hasta que yo, al final, quede dormido.

El segundo soneto de Jesús Arcensio tiene un corte más clásico. La voz poética se sitúa en la ribera de un río, llorando la figura del poeta amado, tal y como lo harían cualquiera de los grandes poetas de nuestra literatura áurica. Arcensio dominaba el metro y el estilo con maestría, y buena prueba de ello lo podemos encontrar en este soneto. Otro de los colaboradores de esta Antología era José Manuel de Lara que participó con un soneto de temática panteística, cercano al Juan Ramón más afectado por la lectura de Tagore. Rafael Delgado fue otro de los participantes con un poema la gracia de los inicios del poeta moguereño, en contraposición a la anterior composición.

Francisco Garfias era otro de los componentes de la Antología. En este caso colaboró con un soneto que tenía por estructura en una enumeración, precedida por un verbo dicendi, en este caso la voz poética nombra las cosas, como el pasaje bíblico en el que El creador propicia la aparición de los conceptos con tan sólo nombrarlos. La voz poética se transforma en una fuerza todopoderosa que una vez creadas todas prefiere descansar:

Y tras decir Señor, amén y rosa

me ciño un padrenuestro a la cintura

y me tumbo a dormir tan satisfecho.

De esta manera, la voz poética como el propio Adán reproduce la experiencia creadora. Este soneto se acerca más a las tendencias creacionistas de la poesía de Gerardo Diego, entre otros poetas. Puede que Garfias fuera uno de los primeros que intentasen renovar el panorama poético onubense, acercandose a estéticas y posturas mas modernas e innovadoras. Rafael Manzano regala a esta antología un soneto basado en la naturaleza, en el que la voz poética sorprende por ser poseedora de la naturaleza y todo emana de ella, excepto la mujer:

Como flor, como tallo, como un río

arranqué de mi piel tu primer frío

tu espuma nueva en el albor del día.

Pero estabas en mí, dentro y segura,

honda raíz, inalcanzable y pura,

cana primera o gris melancolía.

La voz poética se situa en el interior de las cosas sin poseerla, sin manejarlas a su antojo. Por ello, esa melancolía tan omnipresente en este tipo de poesía. José Baena y Manuel Sánchez Tello  colaboran con un tipo de sensibilidad muy clásica y propio de una literatura de otro tiempo. En contraposición a ellos encontramos la colaboraciones de Juan Drago y Juan Cobos Wilkins, quizá junto con Garfías las apuestas menos conservadoras. Si Juan Drago ahonda en pureza de los nombres y la desnudez de la palabra o el cuerpo del poeta muerto, el poeta más bien se sitúa como un “aprendiz de universo”. Así pues, la figura de Juan Ramón o de una amada, como se quiera interpretar, se sitúan sobre el tiempo en el centro de todas las señales y de esos secretos que tienen a no revelarse jamás. Esa es la esencia del creador para Drago. Un secreto, un lugar en donde giran todas las cosas sin un sentido exacto. En la línea de Drago se situaba un poeta que iba cobrando importancia a medida que pasaba el tiempo: Juan Cobos Wilkins. El poeta de Riotinto ve a Juan Ramón cercano ya a la muerte. Mientras la luz se pierde, la voz del poeta se esconde en su barba para no perecer como la poesía y sus versos. La palabra toma cuerpo en la voz del poeta, una amante perdida y todo lo vivido se van alejando del centro del poema. Para terminar con la voz de la poesía, de la poesía de Juan Ramón Jiménez a través de la visión de Juan Cobos Wilkins entre medio: “Y en medio/yo/ a través de yo/ ser deseante y deseado/ un animal de fondo”.  Como si el poeta de Riotinto tomase el testigo y se transformase en ese verso juanramoniano que quiere sobrevivir, que quiere ser eterno y formar parte de todas las cosas. Animal que desea y que es deseado, al final y al cabo, la creación poética de todas las cosas. El ser que tiende hacia su extinción y es consciente de ello.

Si en términos de Harold Bloom hablásemos, Juan Cobos Wilkins tendría su agón en la figura de Juan Ramón Jiménez, su figura poética a batir. Nuestro nobel forma parte del canon universal y con él que debe luchar para obtener su puesto en el canon el poeta de Riotinto. Puede que esa lucha sea la que le diese entrada en el canon provincial nada más iniciar su andadura como poeta. A la vez puede que Bloom tenga razón y puede que sea esa lucha la que sitúe a Cobos Wilkins como integrante del canon literario de nuestra época, aunque como Bloom sostiene, eso solo depende del tiempo, de la fuerza estética de un poeta frente a otro y de su capacidad de creación de conceptos.  Sea como fuere, solo el tiempo dirá si el de Riotinto superó a su maestro.

En resumen, esta antología trataba rendir homenaje a una figura semidivina en nuestra letras y de la que la poesía onubense se ha ido alejando poco a poco para poder introducir nuevas voces, registros y sensibilidades. Sin embargo, habría que preguntarse, si seguir explotando la figura del Nobel artísticamente rinde tanto como buscar una voz, que por moderna se convierta en intranscendente. En definitiva, la cantidad de homenajes que Juan Ramón ha recibido necesitaría una tesis doctoral o un estudio monográfico, para ser conscientes de su calado en las letras onubenses e hispánicas.

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