TERETES.
La miseria que se cierne.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) Es la política, estúpidos. La clave de sol es económica, tontainas. La panacea, mis queridos compatriotas, es la fuerza de las armas. Dios, amigos, reside en la paz y el amor. Dónde está la llave de la miseria en la España de los días finales del año quince del segundo milenio de la era cristiana. Dónde. Ni siquiera en el fondo del mar.

La miseria. Que no la pobreza que nos acecha. La miseria que devora nuestras entrañas. La miseria que hace de la pobreza privilegio. La miseria que destroza la espiritualidad y bombardea la claridad de las mentes. La miseria que convierte las emociones en pedacitos de metralla contra el otro. La miseria que trasciende la carencia de riqueza material y crea células cancerígenas a partir de la carne trémula de los desposeídos.

La miseria que reina en la opulencia, impera en la mezquindad y se enseñorea de la ruina ajena. Es la paradoja del brillo del diamante extraído con la sangre que el negrero roba al trabajador inerme. La miseria retratada en literatura de la precariedad, del malestar y de la tristeza de según qué años y según qué épocas. Es el síndrome Dickens que se reinventa en el tiempo. Es la consagración de la pérdida de la dignidad humana que ha dejado de debatir entre la lucha por la felicidad y la pervivencia en la sordidez.

Cervantes concibió la sociedad del malhechor como la imagen deformada de la sociedad del señor. Se vivía, y nada ha cambiado, de acuerdo con las formas externas concretadas en leyes o en códigos de honor. Detrás de la decadencia de la moral, aflora el pauperismo económico envuelto en lujoso papel espiritual que, a su vez, nos echa en cara la crudeza del materialismo más feroz. “La virtud y el buen entendimiento siempre es una y siempre es uno”, escribió en su “Coloquio de los perros”. Sin embargo, dónde la virtud. ¿En la supervivencia social o en la intimidad de la pureza? ¿En el ser o en el deber ser? La respuesta está escrita. Una cosa es la realidad social y otra el mal social.

Cuando Juan Goytisolo fue galardonado con el Premio Cervantes 2014, incluyó en su discurso un mensaje de apoyo a los indignados y a los seguidores de Pablo Iglesias. El gran error de los intelectuales es dictar políticas sociales. Lejos del compromiso social aplicable, el gran Goytisolo se dejó atrapar en la tela de araña del deísmo irredento que acompaña su extraordinario ego. El escritor barcelonés asume la locura de don Alonso Quijano como una forma superior de cordura. Y, por tanto, hace de la solución, problema. Por qué. Porque quiere evadirnos de la iniquidad que nos cerca en lugar de enfrentarnos democráticamente a ella. La injusticia no se combate fuera del demos. Como refería Goethe, acaso sea preferible la injusticia al desorden. Al cabo, el caos es la gran madre de las tiranías.

Las elecciones del 20 de diciembre abren la flor carnívora de la discordia nacional. Algunos quieren vender crisantemos como malvas. Ese engaño nos conducirá a criar estas últimas en los descampados de esa miseria que en los cementerios alcanza el altar supremo. Unos ven llegar el desastre con preocupación suma. Otros, en cambio, sacrifican el cordero de la paz en la pira funeraria de las revoluciones vacías de contenido. Toca esperar y, mucho me temo, desconfiar.

Tiempos de miseria extrema. Extrema miseria. Miseria de ultraizquierda. De ultraderecha  miseria. Miseria del independentismo fascista y miserable que se revuelca en la cobardía del otro. Miseria que amenaza de muy cerca. Miseria. Miserables.

 

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