VENTANA DEL AIRE.
Soledumbre.
[Juan Andivia]

juan andivia(Texto: Juan Andivia Gómez) La palabra significa soledad y, aunque parece estar en desuso, la volvieron a utilizar Octavio Paz y A.Machado y figura en diversos escritos de autores contemporáneos, sobre todo hispanoamericanos. A mí me gusta especialmente porque el sufijo -umbre (lat. -umine) aporta una matización de cantidad o repetición: servidumbre, muchedumbre, techumbre, pero también de cualidad: pesadumbre, incertidumbre, mansedumbre; por lo que deduzco que soledumbre es una acumulación de soledad que pasa a la esencia de su poseedor, como una característica añadida, pero definitoria.

Juan Ramón escribía: ¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

La precisión o la belleza del término me hace reflexionar sobre que hay, a nuestro alrededor, muchas personas que llevan sus personalidades fuertes, resolutorias y eficientes sobre una transparencia de soledumbre. Veo así al presidente Rajoy, a la reina Sofía, a lo que quiera que sea o vaya a ser ArturMas; también, a una mayoría de grandes escritores y, presumo, que a quienes responden: “De maravilla”, cuando la pregunta absurda es Qué tal tu fin de semana o Cómo estás, siendo las dos respuestas evidentes.

Pero también están quienes visten únicamente esa transparencia y arrastran sus quebrantos, generalmente sin elegancia y con actitudes mendicantes. Estos últimos convierten sus congojas en identidad, pretendiendo que todos los compartamos y, lo que es peor, que los compadezcamos, como si fuera un valor.

La soledad que no es creadora, puede llegar a ser mutiladora, por lo que parece oportuno recordar las palabras de Mark Twain, cuando escribía: “La pena puede cuidarse de sí misma, mas para sacar el máximo partido de la alegría has de tener a alguien con quien compartirla”, por lo que la comunicación es fundamental, como ya sabíamos.

Conversar, tener amigos, participar de otros mundos y madurar como personas parece ser la receta para no convertirse en esos solitarios “de lanza en astillero y adarga antigua”, que unas veces se estampan contra molinos, pero otras cortan con afilados machetes un futuro feliz o la vida de un compañero; y que nunca acaban bien. O lo que es más grave, que convierten su camino sin hacer en un doloroso caminar hacia la nada.

 

 

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