Laberinto social.
Ni truco ni trato.
[Federico Soubrier]

federico soubrier(Texto: Federico Soubrier) Imagínese la sensación que sentiría un neandertal hace 350.000 años cuando después de intentar resucitar a su compañero, compañera, hijo… sin el menor éxito, tener que dejarlo tirado en cualquier sitio tras horas de esperar a que se moviera de nuevo, quedándose con esa sensación de angustia o pena. Bien fuese por instinto animal o ya, tal vez, naturaleza humana, y esa misma noche o quizás en alguna posterior, soñar con la persona fallecida moviéndose y hablándole de nuevo, sin ser capaz de discernir entre lo real y lo onírico.

Al parecer, fue ese el primer contacto con el más allá, el punto de partida de nuestros intentos de comunicación con los muertos, necesitándose al efecto un lugar donde realizar los rituales pertinentes y  que las fieras no devorasen los cadáveres, iniciándose así los enterramientos.

La iglesia estableció un día en que se inventó que todos los santos, beatificados o no, se reunirían con Dios en un dechado de felicidad, al que afortunadamente iríamos llegando todos irremisiblemente, siempre que siguiésemos sus pautas de comportamiento, contribuyendo religiosamente a su mantenimiento.

Si bien es cierto que queda muy bonito el cuadro pintado por Fra Angélico “Todos los santos”, también lo  es que en este “valle de lágrimas” los humanos necesitamos alegría y muchas de las celebraciones religiosas han ido derivando en actos paganos, convirtiendo momentos íntimos con tintes de tristeza en verdaderas fiestas en las que se termina comiendo y bebiendo a tutti plein.

No podemos culpar exclusivamente a las grandes extensiones por importar halloween, de origen celta y promoción estadounidense, fue nuestra sociedad la que comenzó hace casi una década a implicar a los niños que hoy cumplen veinte años, iniciándolos con actividades en los colegios, organizando pasacalles y difundiéndolo en los medios de comunicación. Es normal que ellos se identifiquen con algo que a los mayores generalmente les viene al paire o incluso a algunos parece molestarle.

Sucedió con Papa Noel y pasará con todo lo que le interese al mercado, pero nosotros seguiremos necesitando comunicarnos con el más allá, ya sea mediante sesiones de espiritismo, visitas al camposanto o mera meditación, a fin de decirle al recuerdo de los que se fueron aquello que se nos quedó inexpresivamente en el tintero, o quizás contarle cómo nos va la vida, lo malo o bueno, pero lo cierto es que cuando llegue el momento, a pesar del truco o trato que nos quieran ofrecer, nosotros también nos iremos y entonces nos dará igual un hueso de santo que una urna de cenizas o una terrorífica calabaza muerta de risa.

Federico Soubrier García

Sociólogo y Escritor

 

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