La conjura del duque de Medina Sidonia: el intento separatista de Andalucía

Marqués_Confesión(Texto y foto: Fermín Cabanillas) Mucho antes de la “desconexión” planteada desde Cataluña, de las disputas secesionistas o de los deseos de una parte del electorado catalán de vivir por libre, tanto como 375 años antes, una parte de España se pudo separar del resto, y esa parte fue, concretamente, Andalucía.

Lo que pasó en tierras andaluzas en 1640 ha quedado registrado como “La conjura del Duque de Medina Sidonia y del Marqués de Ayamonte”, y fue un episodio de poco menos de un año de duración que acabó con el primero en el exilio y el segundo decapitado, y todo ello por unas ansias separatistas del territorio andaluz que, no obstante, no están muy claras para algunos historiadores.

Desde hace algún tiempo, la historia, junto con manuscritos de la época, están recogidos en la web oficial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, donde se pueden consultar los detalles de una conjura que encabezaron Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno, IX Duque de Medina Sidonia, y su primo Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, el VI Marqués de Ayamonte.

Ambos, parecieron querer aprovecharse de la denominada “Crisis de 1640”, un año en el que los tercios españoles caían en la Guerra de los Treinta Años, y los ingleses, franceses y holandeses amenazaban las colonias en América.

Al Rey Felipe IV, y su valido, el Conde-Duque de Olivares, se le amontonaban, además, los problemas en casa, con la sublevación de Cataluña y la secesión de Portugal, lo que fue aprovechado desde el sur para intentar separar Andalucía del contexto del territorio español, en una operación en la que, sin quererlo, se vio envuelta la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda.

La sublevación arrancó el 1 de diciembre de 1640, cuando los nobles portugueses que perseguían la segregación lusa, proclaman como rey Juan IV de Portugal al Duque de Braganza, a lo que Madrid respondió disponiendo tropas en la frontera, correspondiendo al Duque de Medina Sidonia, la separación entre Andalucía y el Algarve, mientras que en Ayamonte se ubicó la Junta de Guerra, presidida por el Duque, y con su primo el Marqués de Ayamonte como gobernador de armas.

Tres años antes, el Duque había aplacado con celeridad la sublevación de Évora, pero ahora llamaba la atención la tranquilidad con la que se había tomado este asunto, y desde Madrid se acusó a los dos primos de estar al frente de una sublevación que tendría como último objetivo la proclamación de don Gaspar Alonso de Guzmán como rey de Andalucía.

La denuncia planteada a Madrid citaba que “se permitiría la entrada de tropas portuguesas por Ayamonte al frente de las cuales se pondría el Marqués de Ayamonte con destino a Sevilla; el Duque de Medina Sidonia esperaría en Sanlúcar la llegada de una flota franco-lusa con la que ocuparían Cádiz; el Marqués de Poza sería el encargado de la toma de Málaga; y, además se presumía que los sublevados contarían con el apoyo de otros grandes señores andaluces”, señala la web de Cultura.

Desde la Corte se decidió llamar a Madrid a los dos primos, y el 21 de septiembre de 1641 se produjo en el Alcázar de Madrid la confesión del Duque de Medina Sidonia, arrodillado ante Felipe IV, a quién le dijo que había sido manejado por el Marqués de Ayamonte, una confesión que le supuso el perdón, aunque tras acudir a Sanlúcar de Barrameda sin permiso del Rey, fue exiliado a Valladolid definitivamente, perdiendo el linaje de los Guzmanes la posesión que había dado origen al Estado de Medina Sidonia.

Sin embargo, la suerte para el Marques de Ayamonte fue peor, ya que fue considerado el único responsable de la rebelión, y tras confesar por escrito, en un documento que se puede ver de su puño y letra en la citada web, fue condenado a muerte y decapitado en el Alcázar de Segovia en diciembre de 1648.

Eso sí, no todos los historiadores coinciden en la versión que se dio por oficial en su día, y hay escritos como el de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, que ponen en duda la existencia de la conjura, y cree que todo se orquestó para que Sanlúcar de Barrameda y todo su potencial económico volvieran a la Corona de España.

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