TERETES.
La carnicería del viernes 13.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) El ataque terrorista de París ocupa el segundo peldaño superior de la triste escalera negra de los atentados que han llenado de cadáveres el suelo europeo en los últimos treinta años. Desde la masacre de Hipercor en la Barcelona de 1987 a manos de los asesinos de ETA hasta noviembre de 2015, la guadaña del ejército de los fundamentalistas ha llenado de sangre las calles del viejo continente. Con todo, el fatídico record se produjo en marzo de 2004 cuando integrantes de una presunta célula islámica radical de Al Qaeda asesinaron en Madrid a 191 personas  e hirieron a casi dos millares.

Uno se pregunta qué hace Europa para combatir en esta guerra no oficialmente declarada pero guerra al fin y al cabo. Al tiempo que amplios sectores de la sociedad se radicalizan, el mensaje de los terroristas se difunde ampliamente merced a internet y a las redes sociales. El bando oscuro de esta lucha desigual se nutre de una población empobrecida que se agarra a la cuerda floja de su decrepitud económica y de su fanatismo para huir hacia ninguna parte llevándose por delante a quienes, inocentes, se atraviesen en el camino del odio. Población empobrecida alentada, por otra parte, no lo olvidemos, por oligarcas del petróleo. En tanto, la Europol no se coordina lo suficiente con las fuerzas de seguridad de los diferentes estados y los cuerpos policiales carecen de medios para prevenir algo que se teme.

Son muchos los que opinan que blindar la seguridad es un precio demasiado alto porque debilita las libertades. Tal vez sea así en términos generales. No obstante, considero que no lo es cuando la amenaza que se cierne es patente. Y lo es desde hace muchos años. El equilibrio se logra a partir de una sutil política de medidas antiterroristas que vulneren mínimamente y por tiempo bien reducido, los derechos de privacidad de la ciudadanía. Lo cual no es un ejercicio imposible sino la constatación de una voluntad de dotar al Parlamento europeo de una capacidad legislativa que vincule a los países miembros. A partir de ahí, la prevención comportará la más fácil y temprana detección de cualquier señal de radicalización. El Estado Islámico mueve sus hilos con una destreza que parece confundir, inexplicablemente, a los servicios de inteligencia de los países europeos. Poca duda cabe de que la cárcel conlleva el mantenimiento entre algodones de los adeptos al extremismo y al sectarismo. Si se sabe, cómo es posible, pues, que no se vigile estrechamente los centros penitenciarios. Y qué decir de las sedes donde se predica el odio en nombre de un dios que siempre condenaría esa emoción malsana. Y en cuanto a barrios inasequibles a la actuación de la policía, una vergüenza.

El terrorismo no debe vincularse a ninguna religión, nacionalidad, civilización o grupo étnico. Sin embargo, el desarrollo material, la seguridad, la paz y los derechos humanos sí están interrelacionados con sociedades democráticas que persiguen resolver conflictos oponiéndose a la represión, erradicando la pobreza, mejorando la comprensión intercultural y subordinando la gobernanza al imperio de la ley. Y precisamente en defensa de la democracia que hace posible la observancia de los derechos humanos, es imprescindible utilizar todas las armas legales a su alcance. Incluso, y sobre todo, las coercitivas y punitivas. Ello, en el marco de una estrategia global auspiciada por la Organización de Naciones Unidas y con la anuencia de los cinco grandes, incluida la Rusia de Putin.

Todos juntos contra el estado del terror. Por encima de los ideólogos de salón y los izquierdosos del beluga y de la teta de las subvenciones. Un pacto antiyihadista debe firmarse ya. Allá quienes se desmarquen. Decía el prusiano Clausewitz que la guerra no es sino una política que se desvía de sus medios habituales. En este sentido, el terrorismo es también una guerra –no sorda ni muda ni ciega- que se enroca en medios no convencionales y que se utiliza como excusa falaz para justificar la deriva de algunos partidos y la demagogia de ciertos líderes.

En definitiva, y he ahí la esencia de la primera parte de mi mensaje, lo que no debe ser de recibo es estigmatizar a los musulmanes. Esa praxis comportaría elevar al altar de la consagración el desvalor de la desigualdad, de la discriminación y de la segregación de los seres humanos. Una locura que teñiría de rojo los viernes trece de la historia por venir. Una locura que nos llevaría al triunfo de la superstición. Desde ella, al tabú. Y desde el tabú, a la ausencia de lo íntegro, lo justo y lo honrado. A partir de ahí, el desprecio a la vida humana. La carnicería.

La esencia de la segunda parte es aplicar la ley con todo el rigor y si ha de cambiarse para endurecerse, hágase. Lo que no puede ser es que mientras el enemigo agazapado utiliza armas de guerra, nosotros, la otra parte, la ciudadanía libre, discutamos sobre el sexo de los angelitos que nos asesinan. Contra esta lacra, dura lex y mano dura blandiendo la espada de la justicia. Justicia, que no venganza. Para que se cierre la carnicería.

 

 

2 Responses to TERETES.
La carnicería del viernes 13.
[Paco Velasco]

  1. Hacía tiempo que no comentaba nada pero esta mañana me he quedado un poco pasmada y no he podido resistirme.
    ¡Ojalá fuera tan fácil! Medidas más propias del profesor Frank de Copenhage, que ocupaba la última página del TBO. Un conjunto de obviedades y sitios comunes adornados con una retórica afectada, algún que otro latinajo, y grandilocuente para ocultar su insustancialidad. A lo que hay que añadir un profundo desconocimiento del tema y de los dos grandes problemas que tenemos para enfrentarnos a él:
    a)El autodenominado Estado Islámico no es ningún Estado en el sentido de lo que entendemos por ello. Es Global.
    b)El “enemigo agazapado” no utiliza ni armas ni estrategias de guerra ¿o es que aún no se ha percatado?
    ¿Y -me extrañaba que no aparecieran- qué tienen que ver aquí los ideólogos de salón y los izquierdosos del beluga y de la teta de las subvenciones?…debe ser el subconsciente freudiano.
    La última propuesta es para rematar la faena y sacar los pañuelos, debería patentarla:
    “ La esencia de la segunda parte es aplicar la ley con todo el rigor y si ha de cambiarse para endurecerse, hágase. Lo que no puede ser es que mientras el enemigo agazapado utiliza armas de guerra, nosotros, la otra parte, la ciudadanía libre, discutamos sobre el sexo de los angelitos que nos asesinan. Contra esta lacra, dura lex y mano dura blandiendo la espada de la justicia. Justicia, que no venganza. Para que se cierre la carnicería.”

  2. Aurelio Pino Domínguez

    Magnífica exposición, más alto lo podrá decir pero no más claro.No obstante ya están vociferando por todos los foros de internet y en alguna cadena de televisión el viejo eslogan de el “NO A LA GUERRA”….¿verdad que a usted también le suena?….me pregunto que dirán en Francia de tanta insensatez por parte de algunos carpetovetónicos, y más si son moradores del último bastión de Al Andalus.

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