Las bebidas energéticas en el deporte

Bifesa Tartessos de rugby en Mairena.

Los avances que ha sufrido el mundo del deporte en las últimas décadas así como el aumento de la exigencia han sido dos de los rasgos que han caracterizado en mayor medida la evolución de cualquier disciplina deportiva, viendo como la profesionalización extrema se ha impuesto en casi todos ellos. Así, a día de hoy es normal que cualquier deportista de la máxima categoría de un deporte tenga una dedicación totalmente exclusiva a él, convirtiéndose ya no en una diversión o entretenimiento en absoluto, sino en un trabajo a todos los efectos.

Solo hay que ver los programas de trabajo en gimnasios, las dietas y diversos tipos de alimentación o cualquier rasgo en la vida de un deportista actual para observar que todo está absolutamente controlado en su vida dentro y fuera de los campos.

Sin embargo, hay ciertos apartados que aún no se han logrado clarificar de forma completa para el público medio y los deportistas amateurs. Uno de ellos es el de las bebidas energéticas, un elemento habitual en la vida de algunos profesionales del deporte pero que, a la vez, es mirado con cierto recelo por parte de un gran sector de la sociedad. Aunque, por ejemplo, este tipo de bebidas son todo un habitual en las competiciones más importantes del mundo, como por ejemplo en el pasado Mundial de rugby celebrado en septiembre, sigue habiendo cierto escepticismo debido a sus efectos secundarios. Así, por ejemplo, las bebidas energéticas no son recomendadas entre niños y adolescentes en etapas de crecimiento.

Pero, por otra parte, recientes estudios que también incluían, entre otros, a jugadores de rugby, afirman que las bebidas energéticas suponen un aumento notable del rendimiento de los deportistas al consumirlas. Productos como la taurina, la carnitina o la efedrina, tan habituales en este tipo de bebidas, son los principales responsables de una mejora de entre el 3% y el 7% en el rendimiento cuando se consumen. Tal es así, que en la actualidad más del 50% de los deportistas profesionales consumen bebidas energéticas antes de las competiciones o entrenamientos, según un estudio realizado por expertos de la Universidad Camilo José Cela mencionado por el diario ABC.

El consumo de estos productos aumentaría la potencia de un jugador de rugby y su precisión, así como “aumentan la capacidad de salto en jugadores de baloncesto, la fuerza y potencia muscular de los escaladores y en individuos entrenados, la velocidad de nado en nadadores velocistas y la fuerza y la precisión del golpeo en jugadores de voleibol y el número de puntos conseguidos en tenis”, todo ello según el doctor Juan Del Coso de la agencia Sinc, mencionado por el artículo de dicho periódico madrileño.

En la otra parte de la balanza, sin embargo, se encuentran dos hechos. El primero, que las bebidas energizantes pueden llegar a crear insomnio y estados de alteración tras la práctica del deporte y, segundo, que lo que realmente aportan no es un aumento de la energía, pese a lo que muchos puedan pensar. Las bebidas energéticas aportan un aumento del rendimiento gracias a su efecto energizante, pero nunca gracias a su mayor capacidad de energía pura, que en realidad es similar al de cualquier otra bebida refrescante.

Al fin y al cabo y como en cualquier otro campo del deporte, las bebidas energéticas, parece, pueden ser una buena elección siempre y cuando se consuman con la moderación y el conocimiento necesario.

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