Laberinto social.
Entrar en guerra, ¿nosotros?.
[Federico Soubrier]

federico soubrier(Texto: Federico Soubrier) Después de los lamentables sucesos ocurridos en París, el dolor, la rabia, la sensación de impotencia e inseguridad provocó que el presidente francés François Hollande declarase la guerra contra el Estado Islámico.

Por supuesto, se ha cometido un acto de barbarie. Han fallecido personas inocentes, produciéndonos  un gran sentimiento de consternación y tristeza que ha despertado, más si cabe, el recuerdo de nuestras víctimas de Madrid, pero casualmente el día nueve, cuatro antes de la masacre parisina, leí en prensa que el ministro de defensa galo felicitaba a sus tropas por haber bombardeado y destruido totalmente un poblado del Estado Islámico en Siria y que esa no era ni la primera ni la última operación que efectuarían. Me pregunto si eso no era guerra, si era un juego.

Evidentemente no hemos entrado todavía en conflicto bélico porque Francia aun no se lo ha pedido oficialmente a la OTAN, que no dudaría en aplicar su artículo 5º, en cuyo caso España iría sí o sí, a la guerra de cabeza.

La cuestión de momento se le ha planteado a la ONU, que funciona de otra manera más light teniendo en cuenta las políticas e intereses de países como Rusia o Estados Unidos y otros menos “importantes”. En cualquier caso, en esta jugada estratégica en la que Naciones Unidas autoriza a combatir al IS con los medios y de la manera oportuna, nosotros nos limitamos, de momento, a cuestiones de inteligencia sacando pecho de compromiso mientras los demás se dedican a querer y desquerer a Bashar al-Asad, según venga el viento.

Vaya por delante, que tanto España como Francia están contenidas por el miedo político que les plantea a sus gobiernos la proximidad de sus inminentes elecciones, generales en nuestro caso y regionales en el galo, pero ambas el próximo diciembre, y como buenos profesionales nadie quiere arriesgarse a perder el trono. De hecho, Rajoy descarta el apoyo militar antes del 20 de ese mes.

Si ya la Cumbre de las Azores nos dañó profundamente —aunque Esperanza Aguirre promulgue la estupidez de que “no estuvimos en Irak”, no se entera que lo que no estuvo allí fueron las armas de destrucción masiva—, implicarnos en una guerra supondría lo de siempre, que las poblaciones de los dos bandos serían las que sufrirían los daños colaterales mientras que los políticos, los armamentistas y el capital se beneficiarían arruinándonos la vida y la economía. Y de eso tiene que entender un montón nuestro ministro de defensa, antiguo profesional del negocio de las armas.

Es conveniente recordar que el mes pasado Estados Unidos bombardeó en Afganistán,  por error,  un hospital de Médicos Sin Fronteras, terminando con la vida de una veintena de sanitarios y pacientes e hiriendo a 37 personas más. Esas cosas pasan, lo cual me trae a la memoria el fallecimiento del reportero José Couso y el periodista Julio Anguita Parrado en el hotel Palestina de Bagdad. También es de reseñar que Turquía declara hoy haber derribado un caza ruso cerca de la frontera Siria por invadir su espacio aéreo, lo que ha provocado la caída de todas las bolsas europeas y puede valer como sensor de la importancia del tema. Hoy somos más pobres que ayer.

Mucho me temo que si no cambia radicalmente el equipo de gobierno, o llegan a él los líderes que están promulgando el “pacto anti-yihadista”, en enero o febrero entremos en guerra, lo cual sería un desatino. No hay más que ver el mapa político de África realizado a escuadra y cartabón por Europa para repartirse el botín de un continente ahora resentido. Habría que sentarse y dialogar o al menos intentarlo. Lo que nos faltaba es volver a meternos en otra cruzada, esta vez contra gente a la que no le importa perder la vida, con lo cual ya partimos de tener la primera batalla perdida, nosotros, los valientes, los que tenemos la vergüenza de Gibraltar enconada por los siglos de los  siglos…amén.

Federico Soubrier García

Sociólogo y Escritor.