TERETES.
La Piel.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) Uno entiende que los políticos de la discordia abonen el campo de la disrupción constitucional y de la discriminación de los ciudadanos. El mero hecho de hacer prevalecer el privilegio de los territorios sobre los derechos de las personas, describe la mentalidad fascista de aquellos que anteponen la búsqueda de rupturas a la persecución del bienestar general. En este sentido, fascistas se proclaman las declaraciones secesionistas de la derecha  o de la izquierda. No muy lejano a estas posiciones, la bancada de “tirolapiedraescondolamano”.

Si a Pedro Sánchez, el derrotado más triunfalista de la reciente historia española, le queda un mínimo de vergüenza política torera, debería convocar a los órganos de su partido para poner coto a esta actitud inadmisible de ambigüedad de sus conmilitones catalanes. Son tan majaderos que piensan que no nos damos cuenta de su rastrera estrategia de nadar en aguas independentistas y guardar la ropa de la indisoluble unidad de España. Por si pierden o por si ganan, lo fundamental es abrazar el éxito a costa de la ideología y evitar el fracaso cueste lo que cueste. Podemos ya avisó.

Si el PSC es partidario/partidista del derecho a decidir, es muy libre de hacerlo y de expresarlo con publicidad y sin ambages. El PSOE, sin embargo, no. Que deje la E de España como ya abandonó la O de Obrero, la S de Socialista e incluso la P de Partido, para convertirse en Secta multinacional que proclama la santa hermandad de los trapisondistas, piratas y demás corsarios de bajeles de podredumbre.

Una harca de demagogos al frente del timón averiado y del rumbo a la deriva del barco nacional, no quiere aprender que la unidad de España no es cuestión de fronteras, sino de solidaridades humanas y de un derecho territorial íntimamente unido a la historia y a las leyes democráticas.

Este articulista ni se muestra a favor ni en contra de la independencia de los pueblos. Lo que sí exijo es el respeto a las leyes que de ese pueblo emanan. De todo ese pueblo. Y no de una porción del mismo. En todo caso, si las normas que nos hemos dado los españoles no gustan al colectivo, empléense los mecanismos establecidos para modificarlas. De hacerlo por la fuerza, señala al golpista dictatorial. No sé si me han entendido. Los del PSOE, algunos. Los otros no hablan el lenguaje de la democracia. Ni entienden ni quieren entender. Son fachas en el peor sentido del término.

La piel de la democracia es muy fina y sensible. Las agresiones a la dermis hacen sangrar el interior. La ciudadanía debe actuar como dermatólogo que previene la enfermedad. En caso contrario, la soberanía del pueblo español no será sino un  espeluznante grito de quienes, visionarios, huelen a pocos metros la brecha de la ciudad destruida por la guerra de Mussolinis de vía estrecha. Y luego, a esperar la liberación en una espiral de circunstancias abyectas. No sé quién dijo que las guerras se inician en nombre de la libertad, la justicia y la patria. E incluso en nombre de un solo dios verdadero. Es mentira. La guerra es el resultado de unas bombas dialécticas que explotan en las manos de los más inocentes. De aquellos, cuya piel sufre la crudeza y la crueldad de los más criminales.

 

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