VENTANA DEL AIRE.
Inocencia de cada día.
[Juan Andivia]

juan andivia(Texto: Juan Andivia) Eso de cambiar todos los relojes de una casa para que suenen a otra hora, simular un ataque de caspa, colgar el muñequito o rellenar el azucarero con sal no son inocentadas. Ni el intercambio de alcaldesas entre Madrid y Barcelona, ni las noticias deportivas a las que no se les puede añadir el adjetivo disparatadas, o el club de la comedia popular (léase la CUP). La vida, nosotros, sí que nos gastamos bromas, a veces demasiado pesadas, durante los restantes días del año, aunque solo seamos conscientes de que podemos ser objeto de ellas el veintiocho de diciembre.

Porque a ver si no son inocentadas la subida de las pensiones en comparación con el IPC, las reformas habidas y las anunciadas, los casos de la corrupción que no cesa ni los cesan, el premio al exministro Wert (a nadie le sentó tan bien un prefijo), su ley y su recuerdo, los trapicheos postelectorales; y la pobreza.

A ver si no son inocentes quienes piensan que las enfermedades graves les llegan a los demás, que todos los hombres y mujeres somos iguales en derechos e iguales ante la ley, que detrás de los grandes genios no hay grandes egoístas, que potenciar las cuotas femeninas favorece la igualdad, que los demás están siempre equivocados o que ha existido alguna vez una verdadera tregua de navidad.

¿Acaso no es una gran inocentada hacer creer que se sigue enamorado como el primer día, que los mejores escritores son quienes más venden, que es imprescindible el amor para casarse, que las frustraciones eróticas son siempre culpa del hombre inexperto, que únicamente se educa en las casas o, peor, en el cole, que el cine español es malo, que el amor lo puede todo y que el idealismo es cosa de la edad?

Vivir, simplemente vivir, sí que es, casi siempre, una inocentada; y muchas veces nos coge desprevenidos y nos la pega.

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