Laberinto social.
Si Maquiavelo levantase la cabeza.
[Federico Soubrier]

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federico soubrier(Texto: Federico Soubrier) Siento curiosidad por conocer qué hubiera escrito Maquiavelo sobre la política española si viviera estos momentos. Ciertamente, en su gran obra “El príncipe”, dio a entender que “el fin justifica los medios” pero curiosamente en nuestra era  la mayoría de los políticos que la integran ni tiene fin creíble ni puede justificar los medios de los que se han venido sirviendo.

La verdad es que se me antoja algo gracioso el “Invístete tú”, “No, tú”, muy parecido al “Cuelga tú”, “No, tú”, al que están jugando el PP y el PSOE para evitar un primer fracaso de investidura empañado de “noes”. Las últimas noticias son que los segundos le tienden la mano a la derecha renaciente, con lo cual volvemos a lo de siempre, estos políticos, todos, mienten más que hablan.

Alabo la jugada de Rajoy quitándose hábilmente de en medio para que los barones de Pedro lo machaquen a discreción junto con los emergentes y progresistas, y vuelva con la cabeza gacha a que le den la puntilla, aunque posiblemente al final lo nombren vicepresidente.

Admiro la poca vergüenza de Pablo Iglesias plantando órdagos, al que le ha faltado elegir los sillones para sus ministros y pintarlos de colores, a sabiendas de que juega con que a Pedro le encantaría tener una pensión vitalicia y trabajando cuatro añitos retirarse cuando a los demás nos piden que mudemos la piel en el intento y aguantemos hasta los 67, mientras los expresidentes que destrozaron el país no paran de hacer apariciones a cada cual más patética para darnos por culo con su afán de protagonismo, ganándose un sobresueldo por encima del tatuado con nuestros ríos de tinta laboral.

Del Rey, no entiendo que aguante que ahora algunos lo traten como un ciudadano más, sin tener necesidad de levantarse por la mañana para escuchar al acólito de turno abriéndole las puertas cantando “Su majestad el Rey”, teniendo que recibir a los que lo ponen a parir en cada vez más numerosos foros, cuando seguramente su patrimonio cuente con más páginas que el sumario del juicio que lo tiene a mal traer,  pudiendo dedicarse a más plácidos menesteres en los jardines de palacio.

Me falta saber quién tripulaba el avión a Venezuela hace dos años, por si fuese español, para aplicarle la ley mordaza, y si está malo que pague la ecotasa, o si quiere que su hijo estudie se vaya a ver lo bien que vive el exministro Wert con sus 10.000 euros mensuales, destinado a París como premio, habiendo sido posiblemente el peor político que ha pasado por España desde los tiempos de Iberia, y no me refiero a la compañía aérea, sino a aquel pueblo amante de la libertad que decidió no tener jefes salvo en caso de guerra, ese que intentaba darle de ostias a quienes venían a perjudicarlo, antes los romanos, algo así como en la actualidad Bruselas.

Para nada quiero unas nuevas elecciones, coincidiendo con más del sesenta por ciento del censo español, sobre todo por el peligro de que jamás ha habido nadie que machacase de tal manera el Estado de Bienestar y me preocupa que se repita.

Lo que os habéis perdido Maquiavelo, tú y tu libro, que se ha quedado falto de un epílogo sobre una de las mayores chapuzas políticas de la historia de la humanidad. Descansa en paz, y que salga el sol por Antequera…

Federico Soubrier García

Sociólogo y Escritor

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2 comentarios

  1. luisgomez99 on

    Sr. Soubrier: Soy asiduo lector de sus comentarios, con los que suelo coincidir, también coincido con el de hoy, solamente me extraña que Vd. alabe lo que ha hecho el Sr. Rajoy ya que al moverse a un lado sigue con su manera de proceder, no dice ni que sí ni que no y deja que sea el tiempo quien le solucione los problemas. No me parece que sea una actitud digna de alabanza de un presidente de gobierno, porque tiene la obligación de definirse. Aunque él dice que “no hacer nada es una forma de actuar”.

    • Federico Soubrier on

      Desde mi agradecimiento solo le quiero aclarar que esa alabanza metafórica expresa mi sorpresa de cómo ha dejado a los demás partidos, con el culo al aire, rompiendo el mazo de cartas en una jugada propia de perdedor que, inevitablemente, desconcierta al resto de los sentados a la mesa. Un cordial saludo.