DESDE MI CABINA.
Todo o nada.
[Paco Morán]

(Foto: recreativohuelva.com)

(Foto: recreativohuelva.com)

(Texto: Paco Morán) No están las negociaciones rotas con el dueño del Recre, Pablo Comas. Eso sí, hay un ultimátum que se abre en la negociación: los interesados quieren el 75% de las acciones, pero Comas quiere quedarse con un porcentaje.
Más que en la cantidad a cobrar por el individuo, que también, está la compra absoluta de las acciones de Gildoy.

Los empresarios onubenses son conscientes de que la salida total de Comas de la entidad, es lo que únicamente podría ofrecer una garantía de trasformación absoluta del Decano. Comas está dispuesto a bajar sus pretensiones a cambio de continuar con un paquete de acciones, algo descartado por los interesados. O todo, o nada.

En las negociaciones, lo que sí se está viendo a un Comas cada vez más débil y ávido de dinero. Tal vez, esos prestamistas que quiere cobrar si o si, sin tener que pasar por el juzgado, podría servir para aligerar esas negociaciones.

Comas sabe que el Ayuntamiento no puede sacar un euro de las arcas públicas por mucho que él tense la cuerda. Comas sabe que el ofrecimiento a la Federación de Peñas del 28% de sus acciones, no podrá ser aceptado porque ningún directivo pondrá en peligro su patrimonio. Comas sabe que vende a estos señores, o el Decano cierra las puertas y él no cobrará nada.

Además, llevaría en su conciencia de por vida, ser el asesino del club más antiguo de España, algo que ya nos encargaríamos de divulgar.

Lo cierto es que en esta vorágine en la que estamos, a veces uno piensa en lo injusto de la ley. Un individuo que ha destrozado una entidad, que no paga a sus empleados, ni cumple con la administración, ni proveedores, y que pueda quedar impune por ese delito…

El sentido común diría que algún organismo tuviera la potestad, de ante su indigencia, expropiarle la empresa y dársela a los trabajadores o sacar a subasta sus acciones. Pero el sentido común no existe en esos términos.

Un símbolo de una ciudad puede ser asesinado y no ser tipificado como delito.

En todo caso, y ante la legalidad vigente, sólo nos queda confiar en estos señores para que lleven a cabo la compra total y absoluta de ese maldito 75% de las acciones que un día llegó a manos de un timador profesional.

Confío en ellos y confío en dos nombres propios que están en su agenda de trabajo, si al final logran ser dueños del Decano, el de Nardy Lafuente López y el de Antonio La O Leñero.

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