TERETES.
Valiente Rita.
[Paco Velasco]

Paco Velasco(Texto: Paco Velasco) Andamos apañados. Pero hacia atrás. El guerracivilismo vuelve con fuerza. La cúpula podemita se encarga de la agitación. El chantaje de Iglesias a Sánchez desvela la ambición desmedida de estos bolivarianos de vía intercambiable. Los muchachos de los círculos se olvidaron de la circunferencia de las bases. La democracia es, para ellos, un papel humedecido en aguas fecales.

Listos, la tela. Inteligentes, sí pero mermada esta facultad por su pasión enfermiza por el poder. Preparados, sin duda, al más infame estilo del marqués de Sade. Valientes, mucho, mas de boquilla. Estoy convencido de las cualidades personales del señor Barbero, uno de los jefezuelos nombrados a dedo por la impar Carmena. Sin embargo, a demagogo, pocos le superan. Otrora, sus escraches constituían una bocanada de aire fresco de libertades. Hogaño, cuando el acosado es el personaje, los manifestantes forman una banda que incita al odio. Y para qué relatar las virtudes de esa gran dama que se llama Rita.

Rita Maestre es una señora que se viste por los pies y se quita la ropa, de cintura para arriba, por la cabeza. Para la edil de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid, aparecer en sujetador es tan habitual como limpiarse los dientes. Le da la gana mostrar su pacifismo al desnudo. Eso sí, el mostrar su torso es un acto de libertad sin prejuicio. Lo mismo lo hace en una playa que en un templo. Un templo cristiano, claro está. La tolerancia del catolicismo de los últimos tiempos es proverbial. De ocurrírsele la gracia en tierra sagrada del Islam, la corren a turbantazos. Cuanto menos. Por eso, para evitar la beligerancia tan odiada, la señora muestra parte de sus senos en lugar sacro venido a menos. Pura valentía.

El valor de la señora Rita se materializa, también, en sus declaraciones ante los jueces. Como va de acusada, el derecho a mentir no se cuestiona y, por consiguiente, no se castiga. Que no, Señoría, que ella pasaba por allí y que el calor de las velas se hizo tan insoportable que, pese a su innato pudor, se despojó de parte de su vestimenta. Y por cierto, Ilustrísima, que no dijo una palabra blasfema ni incendiaria durante el festejo oracional. Alguna plegaria al estilo barcelonés del padre nuestro pero con buena intención. Jamás dijo mamones ni incendios ni infiernos ni se refirió a las trágicas acciones del 36 patrio. Qué va. Lo que ella susurró a sus acompañantes se resumía en palabras como jamones y medios para los pobres.

La valentía de Rita tiene el instinto moral de quienes se muestran conformes a los vaivenes de la conveniencia. Su discurso sacrílego de ayer no se sostiene hoy. Ayer tenía mucho que ganar. Hoy, bastante más que perder. Ayer, violenta por temor a los otros. Hoy, verdugo de la verdad. Rita solapa su miedo en su vergüenza pero sus palabras reconocen su temor.

De Rita valiente, nada de nada. Por eso, valiente Rita. Pobre mujer, que no mujer pobre.

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