‘Solitarios: Proust’

(Texto: Jesús Millán Muñoz) 0. ¿Cada vida es un misterio y un enigma para el mismo sujeto de esa vida y muchas veces para los demás? ¿Recordamos a determinadas personas porque crean lo que consideramos obras maestras o clásicas o geniales? ¿Quizás sus coetáneos no se esperaban que Proust, por ejemplo, hiciese una obra maestra que posiblemente está a la misma altura de las de Shakespeare, Faulkner, Dante…? ¿Qué es una obra genial? ¿Es un enorme espejo en el cual generaciones posteriores de seres humanos se mirarán para entenderse y comprenderse mejor a sí mismas, para vivirse en el mundo…?

1. Valentin Louis Georges Eugene Marcel Proust, 1871, Auteuil, 1922, Paris.

Encerrar una biografía y una obra genial en unos cientos de palabras es imposible, pero entramos en este misterio-enigma, hacemos una cata de una persona y de una obra. Intentamos analizar algunos rasgos para entender al hombre-persona de carne y hueso en algunos rasgos, para comprender en algo su espejo que es su obra, y para mirarnos nosotros en esa luz que quizás nos diga algo de nosotros mismos o mucho de nosotros mismos.

No podemos negar que toda vida humana, en general, tiene sus sombras, menos los santos o santas canonizados que sus sombras son muy pequeñas, pero el resto, genios o no, cultos o incultos, de una ideología o de otra tenemos muchas sombras y muchas luces. Quizás bebamos en estas fuentes, en las obras geniales de todas las épocas y todos los tiempos, por catarsis, imitación, mímesis, ensayo-error ver nuestras sombras-luces al mismo tiempo que percibimos las de los otros.

2. A mi entender creo que ninguno de sus coetáneos creyeron que Proust acabaría siendo uno de los grandes escritores de Francia y menos del mundo y de la historia, quizás este detalle es esencial, y como siempre se ha dicho, “nadie sabe de dónde viene el Espíritu, ni hacia dónde va, ni dónde se queda”. Pero diremos además de esta nota, algunas más:

– Es autor de En Busca del Tiempo perdido, escribió otras obras pero como casi siempre la mayoría de los autores son solo de una obra o al menos se les recuerda solo por una. Dicha obra es un espejo, no solo de una clase o estrato social, sino en definitiva, no solo de una época, sino del ser humano de cualquier época y cualquier clase social. Al final, todos los seres humanos somos muy similares, unos caemos en unos errores y otros en otros, unos en unos aciertos y otros en otros.

– Siempre se ha indicado que el eje esencial es en esta obra: el tiempo y la memoria, la subjetividad y la objetividad, el análisis del arte y de las artes, de todas las artes y manifestaciones, el amor y el amar y los celos, la diferenciación sexual o diversidad sexual teórica o práctica, la biografía de un ser humano, en este caso el autor proyectándose en multitud de personajes, en parte otros y en parte el mismo, se indica que el estilo literario es una especie de combinación entre impresionismo y simbolismo…

– “Me preguntaba que hora sería…”, una de sus famosas frases. Cuando hablamos de memoria y tiempo, no podemos obviar que estamos en el siglo de la indagación del tiempo, Einstein, su familiar, Bergson. Pero indagar sobre el tiempo es indagar sobre el espacio y en ese tiempo y espacio seres humanos que hacen cosas y cosas que están junto a los seres humanos. A veces, me pregunto si es causalidad, o casualidad, es azar o no, que por ejemplo, estos tres grandes genios que indagan sobre el espacio y el tiempo, sean judíos. A veces, me pregunto si de alguna manera, este pueblo, tan denostado y al que debemos tanto, tanto bien y tantas ideas, este pueblo que no dejamos que se asimile a ningún tiempo, tiene que siguiendo la costumbre de su Talmud estar constantemente replanteándose cosas. Yo no soy judío, pero es obvio que la cultura occidental no sería tal como es, si no fuese por el pueblo judío. Si analizamos el siglo veinte, por acotar un tiempo, docenas de escritores y pensadores tienen origen judío. Independientemente de que ellos fuesen creyentes o no. Añadamos en dicho siglo a Freud, añadamos en el anterior, Marx… en definitiva, todos nos plantean nuevas relaciones con las cosas, con los seres humanos, con nosotros mismos…

– Mirar hacia atrás. Llega una edad que todo ser humano mira hacia atrás. Antes, siempre ha estado mirando hacia delante. Llega un momento que mira hacia atrás. A veces, me pregunto si Proust hizo este mismo ejercicio para analizar y sopesar lo que era y lo que había hecho. Estar enfermo, sería su situación. Vivir y estar acomodado económicamente, lo que le permitió, tener suficientes bienes para poder escribir esa obra. Para mantener de alguna manera sus sombras, excentricidades, de pagar a unos obreros para que no hiciesen nada en el piso superior, o a un asistente del piso superior para que ándase en zapatillas… Pero al mirar hacia atrás, en ese mirar-remirarse nos encierra a todos, a todos los seres humanos, “porque nada humano no es ajeno”, según el dicho grecolatino.

– Siempre se ha dicho que es una obra sobre la memoria-tiempo-recuerdo-consciencia-inconsciencia, pero a mi entender es una obra sobre el sufrimiento, el pasado y el destino. Diríamos que es un predecesor del existencialismo que vendría después de unas décadas. No deberíamos olvidar que estudió Filosofía Proust, o al menos algunos cursos, no podemos saber qué grado de conocimiento tendría de los escritos de su familiar Bergson sobre el tiempo, ni de Heidegger. Que en definitiva éste último construye una filosofía fijándose en las realidades cotidianas, y éstas elevándolas a la categoría del ser, o mejor dicho, olvidar los entes para ansiar el ser. ¿Qué es lo que nos hace Proust? ¿Sino trascender lo cotidiano y elevarlo a tragedia o si se quiere, a trascendental? “una rayita de luz que se asoma por debajo de la puerta”. El sufrimiento de estar encerrado en un hotel durante varios meses, en una habitación de dicho hotel a raíz de la muerte de su madre y no salir de ella. El sufrimiento del sufrir, el sufrimiento de la vida. Diríamos que En Busca del Tiempo perdido, de alguna manera, es el sortilegio, es la causa-consecuencia para intentar “crear un mundo para poder superar su sufrimiento”. Al final, para los de su alrededor, su hermano médico, su padre médico, su ascendientes por parte de madre, personas de las finanzas. Y él, Proust que oficio tenía… Ninguno. Ni siquiera era considerado como escritor, sino diletante, incluso por los grandes críticos de su época, Gide, Gide al menos al principio.

– Somos en las cosas, las cosas son en nuestro somos. Somos y estamos, somos porque estamos, estamos porque somos. Ese doble espejo de cosas y realidad. Quizás habría que añadir el significado de las cosas para nosotros. Los humanes venimos y permanecemos un tiempo y nos vamos yendo. Y no entendemos, ni conocemos nada o casi nada de todo ese proceso. No estamos muy seguros de lo que somos, no estamos seguros de lo que dejamos, no estamos seguros de casi nada. Pero ese es nuestro viaje… Somos conscientes que no conocemos ni siquiera los nombres de nuestros tatarabuelos o tatarabuelas, menos lo que hicieron, menos lo que sintieron, menos lo que amaron, menos lo que sufrieron, menos lo que nos dejaron…

– Cuánto de niño hay en el adulto, cuánto de adulto hay en el niño, cuánto del pasado hay en el presente, cuánto del presente había ya en el pasado…

– Nunca sabremos si Proust era consciente mientras en las noches interminables, medio respirando por la tortura del asma, hacía y construía su gran obra, si era consciente de que estaba creando una obra maestra o genial o clásica, o simplemente era una especie de artilugio para dejar una pequeña impronta, teniendo en cuenta que su primera parte o primer libro de las siete de esta obra fue recibida con demasiada acritud, teniendo en cuenta que se tuvo que pagar la edición, teniendo en cuenta que suponemos no era admitido en el mundo de la cultura, de los intelectuales, de los escritores, porque era considerado como un diletante, un snob, un…

– Esta obra en muchos sentidos es el libro de los sueños, no sabemos qué parte es sueño, qué parte recuerdo, qué parte de la memoria es invención, qué parte es realidad presente y qué parte es imaginaria… en definitiva, lo que somos todos, cuánto de lo que recordamos ha sido reanalizado y replanteado y reasumido… cuánto…

3. No se puede meter una vida en un frasco, ni una obra maestra en una botella. Solo le queda a usted meterse en esta obra genial y quizás después de días irá viendo como se va desarrollando las palabras dentro de usted y usted dentro de esas palabras llenas de adjetivos, sustantivos, verbos… Buen apetito… Mi pequeño homenaje a Proust…

twitter.com/jmmcaminero

© jmm caminero (18-23 febrero 2016 cr).

Fin artículo 481º: “Solitarios: Proust”.

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