La pintora ayamontina Carmen Arroyo lleva su obra a Sevilla

Carmen Arroyo pintora (1)(Texto y fotos: José Luis Rúa) Quedan pocos días para que la primavera asome una vez más, por entre los pinos y naranjos de las huertas en las fueras de nuestra ciudad. Ya esos olores que empezaban a quedar algo olvidados, vuelven de nuevo a nosotros con los vientos que hacen de correo urgente a estas horas de la tarde. Y entre los olores que nos llegan, hacemos un hueco a esos otros, con los que nos encontramos al traspasar la puerta del estudio de cualquiera de los pintores que se distribuyen por la ciudad, como lo hacen los cirros por allá arriba, en busca de mejor espacio.

Y así es como tras algunos meses de arduo trabajo y dando rienda suelta a la inspiración, nuestros pintores se aprestan a mostrar lo último de su creación en estos próximos días. Haciendo un recorrido rápido por la memoria, podemos encontrarnos con esa cita para este viernes día 11, con  la apertura de la exposición de Laura Rodríguez en Gibraleón, de Juan Galán en Ayamonte y de Carmen Arroyo en Sevilla. Ayamontinos dispuestos a abrir la temporada de exposiciones no solamente aquí, sino en cualquier lugar que se les reclame, porque su arte va más allá del paisanaje.

Carmen Arroyo pintora (2)De manera que hemos tenido hoy la suerte y a la vez hemos podido apreciar, a la pintora Carmen Arroyo en los últimos retoques a una de sus obras. Una mujer que ha estado almacenando durante todo este tiempo los últimos trabajos realizados, para sorprender no solo a los visitantes a su exposición, sino a todos los que conocen su trayectoria pictórica. Y se muestra en la plenitud de su propia evolución y lo hace en uno de los restaurantes céntricos de la eterna Sevilla. Allí, se podrá disfrutar de los 14 cuadros de tamaño grande y mediano, que Carmen se lleva a Sevilla. Obras en la que mezcla cosas del ayer con trabajos de hoy. Misma técnica, mismos colores, misma temática aunque hace una incursión por improvisaciones en las que se ha encontrado extremadamente a gusto. Pero sobre el lienzo esos juegos de azules, nunca el azul Prusia; los violetas, magenta o los ocres más otoñales. Y en las estructuras finales, esas arquitecturas que le atraen o esos jardines de mil formas a los que nunca se cansa de mirar, e incluso esa playa a la que se acerca muy de vez en cuando, al igual que a ese Guadiana inmenso que sabe reducir a una mirada en su soporte de tela o tabla.

Sin embargo donde hay que ver evolucionar a Carmen con cualquiera de sus obras, es viéndola en alguno de los certamen de pintura rápida y al aire libre. Ajustada de tiempo porque siempre es la última en llegar. Más ajustada aun, cuando se detiene sin prisas a examinar el entorno, a visualizar ese paisaje sobre el lienzo y cuando las manecillas del reloj le dicen que el tiempo se acaba. Pero Carmen Arroyo es ella misma cuando se siente bajo presión, cuando el tiempo se agota y debe acabar su cuadro, que no su boceto. Carmen hace del lienzo una obra igual que hace de un asunto jurídico un éxito profesional. Así es esta mujer que ha cogido los lienzos y se ha ido a Sevilla. Suerte artista.

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