Laberinto social.
¿Cómo andas de suerte?
[Federico Soubrier]

federico soubrierIndudablemente la suerte forma una parte efectiva y bastante importante en nuestras vidas. Valga de ejemplo, cuánta gente poco capacitada ha nacido en “buena cuna” y ha tenido el futuro resuelto sin dar un palo al agua.

La tenemos en coger un taxi cuando llueve, en no perder un tren o un avión por unos segundos, o tal vez en ese examen de oposiciones o licenciatura cuando la impresora escupe justo el tema que tienes más fresco.

Si bien es cierto que nuestra aptitud ante la vida nos ayuda más de lo que imaginamos, también lo es que el tomar o no un medio de transporte puede determinar lo que será de nuestras vidas.
Estoy de acuerdo en que suele ser algo puntual, pues si aquél que decíamos de “buena cuna” no tiene dos dedos de frente, puede acabar en la cárcel. Y como se imaginará, no estoy hablando de suposiciones, lo hago de tanto necio como a diario constatamos.

Supongo que al igual con las parejas que con los hijos la suerte está echada y no porque tú atines o desatines, sino porque lo hagan las proporciones aplicadas de las sustancias que segregan ambas partes sin llegar a detonar.

Seguramente puedas tener la fortuna de que te regalen un cachorro precioso, pero si te destroza el sofá, o lo has educado mal, o es culpa tuya, o ya tú decides a quién echársela, la mala fatalidad.

Curiosa es la lista interminable de corruptos descarados que terminan confesando al juez que es que les había tocado la lotería. Y les toca, porque salen indemnes, vamos, lo que se dice de rositas o con una minicondena para poder disfrutar de lo que tan hábilmente nos robaron por la chanza de haber ocupado un puesto que les permitiera desarrollar su “buen fondo”.

Otra cuestión es que vengas huyendo de una guerra, te digan que te vas a poder quedar en Alemania o te reubicarán por europa. Después de tener que haber sobrevivido al mediterráneo bajo el auspicio de las peligrosas mafias, pienses que el azar te ha bendecido con esa buena ventura y de pronto, una panda de mamones dé seis mil millones de euros, para que te emplacen en quién sabe qué condiciones en la lejana Turquía, quitándose el marrón de encima. Eso no es mala suerte, es una gran mentira.

Suerte también sería que de pronto un líder mirase por tu país, por su gente y antepusiese todo a la corrupción de su partido, a su interés particular y al de capital. Reconozco que eso no es suerte, es una utopía imposible de lograr.
Llevarte bien con tus compañeros de trabajo, aparcar cerca de este, que sea a la sombra, que no haya gorrilla, que las palomas estén estreñidas, que los dueños de los perros usen bolsas, no tener alergias, tener buenos amigos, no tener que comprobar nunca que lo son de verdad. Todo se convierte en un cúmulo de cosas de las que mejor no te tienes ni que alegrar, ¡siempre pensado en que la paloma pueda ser una gaviota con cólico y entonces ya verás!

Tengo la ventura de haber nacido en Madrid y cada día poder ver el mar, este factor junto con otras cuestiones de mucha más envergadura, me hacen no ser demasiado exigente con la diosa fortuna. ¡Quien anda buscando suerte, que jamás sueñe con la Luna!

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