VENTANA DEL AIRE.
Nubes locas.
[Juan Andivia]

juan andiviaEs probable que alguno de estos días se vea frustrado por la lluvia, para quienes viven intensamente la Semana Santa: Veremos a los costaleros, nazarenos, juntas de gobierno, hermanos, e incluso simpatizantes llorando en las iglesias, en las puertas de los templos o en sus casas: Con las nubes, llega el desconsuelo. Lo comprendo.

No obstante, a pesar de ser esta celebración, como es, un alarde de sensaciones y sentimientos, el ser humano, aun creyente, aun nacido en el seno de unas advocaciones, aun actor de reparto de esta gran dramaturgia debería recordar la palabra resignación y no hacer de esos momentos el espectáculo de plañideras y derrota en que se ha convertido.

Más de un estudioso de la mente humana ha afirmado que para sobrellevar con dignidad los años y las penurias de la convivencia lo mejor es no depositar toda la satisfacción en una actividad única, es decir, repartir los éxitos de cada día y las cosas que nos hacen felices en distintas facetas y lugares.

Una salida procesional, un año inútil de entrenamientos o ensayos, una oportunidad última o primera no justifica tanto abatimiento. Los patrimonios, centenarios a veces, merecen el respeto por encima de las propias convicciones y no parece razonable que compitan con los deseos individuales, las probabilidades meteorológicas, los esfuerzos humanos y las vanidades. Una decisión basada en el temor a que una nube loca destroce muchas años de sacrificio es más inteligente que el apasionamiento y el riesgo, impropios de una estación de penitencia.

Por esto no me parece bien que se cargue contra los responsables de ese desengaño colectivo que es no salir con la cofradía el día señalado, sin comprender absolutamente nada y haciendo gala de esta actitud tan lamentablemente frecuente en la Semanasanta que es, paradójicamente, la falta de caridad.

Pero claro, si toda la ventura radica en la pareja, en la primogénita, en el trabajo o en la Semana de Pasión, el blanco para fracasar es muy fácil y las armas para luchar contra el desgaste de la vida cotidiana son muy pocas. En esos momentos es cuando hay que demostrar si uno tiene en la cabeza algo más que el pan de cada día y si ha aprendido a valorar lo que es verdaderamente importante, como lo es por ejemplo, la perdurabilidad de una herencia y la abnegación de quienes deben tomar las decisiones.

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