Laberinto social.
¿Todos tenemos un precio?.
[Federico Soubrier]

federico soubrier(Texto: Federico Soubrier) Visto lo visto, me atrevería a decir que sí. La cuestión es si alguien tendría lo suficiente para cubrir el nuestro, el personal, en una subasta a mano alzada.

Viene a mi mente el cómo los aficionados holandeses humillaron a unas mujeres que mendigaban en la Plaza Mayor de Madrid lanzándoles unas monedas al suelo para jalearlas con “olés”. Desde luego, hay que padecer necesidad para caer en tal nefasto juego y, por supuesto, me sumo al caballero que los tildó de “hijos de puta” cara a cara.

Es evidente que muchos de nuestros políticos, los corruptos, también se han vendido. Unos por unas monedas y otros por una pasta gansa, pero en ningún caso por cantidades que puedan compensar la pérdida de honorabilidad, si es que la tuvieron en algún momento, o por medio de un milagro, el terminar en la cárcel.

Recuerdo aquello que me explicaron en clase sobre el “umbral diferencial”, sobre todo el ejemplo conciso y claro de entender: “si yo le pongo a usted en la mano un céntimo de euro seguro que ni lo nota y así seguirá sucediendo con el segundo, el tercero, el cuarto… pero llegará el momento en que perciba tanto peso que ya no pueda ni mantener la mano en alto, ahí tenemos el umbral”.

¿Vale tanto una presidencia como para hacer el ridículo en público a nivel internacional? Que se lo pregunten a Pedro Sánchez, porque bien lo hizo pidiendo la intercesión de Tsipras humillando ante él (al que había puesto a parir anteriormente en varias ocasiones) para que éste le diese la más certera de las estocadas, cortando todos los trofeos, haciéndolo quedar como el culo delante de sus actuales socios, y lo que es más importante, a la vista de todo un posible censo de votantes.

Casi todos hemos visto con cierta angustia, “Una proposición indecente”, en la que el afortunado Robert Redford disfruta de un lujoso vis a vis con la espléndida Demi Moore a cambio de un millón de dólares. La trama da qué pensar y la conclusión es que al final siempre llegan los arrepentimientos.

Europa también tenía un precio y se ha vendido a los turcos por seis mil millones de euros para quitarse de encima el problema de los refugiados, eso sí, con la condición de que no se haga de forma masiva, que sea individual. Qué tranquilidad si olvidamos que ir en fila india es más ordenado que en tropel, pero se llega al mismo destino.  ¿Qué pasará cuando Turquía agote los euros? Mejor ni hablamos…

Por darle la razón a alguien, se la daremos a Manolo Escobar, “ni se compra, ni se vende… no hay en el mundo dinero para comprar los…“.

Federico Soubrier García

Sociólogo y Escritor