La matanza de Atocha

La lectura de La Matanza de Atocha es obligada si queremos conocer a los protagonistas de lo que se ha dado en denominar La Transición pero también sirve para reconocer el drama de la Guerra Civil

portada La matanza de AtochaTitulo: La matanza de Atocha
Autores: Jorge M. Reverte/Isabel Martínez Reverte
Editorial: La Esfera de los Libros (Madrid 2016)

Por Rafael Moreno
La Esfera de los Libros, Jorge e Isabel Martínez Reverte presentan un libro, un texto de imprescindible lectura para todo el que quiera comprender y conocer el devenir de España desde la muerte del dictador Francisco Franco no hasta hoy sino hasta que desaparezca la generación que protagonizó lo que conocemos como La Transición.
Los libros escritos por periodistas (Jorge e Isabel lo son, y muy buenos) tienen una virtud: que las letras fluyen y se van llenando de imágenes hasta convertir al lector en protagonista de la trama, en televidente de un texto que no da tregua:

“Madrid, 24 de enero de 1977. Cinco muertos y cuatro heridos muy graves es el balance de un atentado terrorista contra un despacho de abogados laboralistas cometido hoy en la calle Atocha de Madrid a las 10.30 de la noche por un comando de Extrema Derecha”. Enseguida los nombres de las víctimas: los abogados Luis Javier Benavides, Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira; el estudiante Serafín Holgado y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Los heridos, todos graves, Miguel Sarabia, Alejandro Ruiz Huerta, Luis Ramos y Dolores González Ruiz, que es para quien está escrito este libro”.

A modo de entradilla, a partir de ese instante, un vendaval de acontecimientos inunda sus páginas y, de repente, el pasado y el futuro de España yace, de nuevo, tiroteado, esta vez en el tercer piso de Atocha, 55. Un lugar desde donde los abogados asesinados que trabajan para los sindicatos ilegales, sobre todo CC OO, y el PCE, luchan sin miedo contra ese magma fascista que intenta acallar el movimiento obrero y ciudadano que se abre paso en Madrid, desde esa calle que huele a calamares fritos y que hoy, está escrito, ha cambiado ese aroma a aceite recalentado por un olor a kebab turco y fideos chinos. “Pero el día 24 de enero de 1977 llueve en Madrid, que huele a miedo, a pólvora y a sangre”.

El texto tejido por Jorge e Isabel Martínez Reverte nos mete de lleno, sin parapeto ni escudo emocional, en unas calles repletas de bandas fascistas que campan a sus anchas, todavía de forma impune, cometiendo tropelías y asesinatos, donde actúan las células estalinistas del Grapo secuestrando militares y oligarcas que buscan provocar un Golpe de Estado y un Estado de Excepción. Sin olvidarnos de una ETA que por entonces, “ya había perdido (a base de bombas y asesinatos) el aura que un día tuvo como organización liberadora de izquierdas”.

La matanza de Atocha recoge, sí, la crónica del múltiple asesinato, las tremendas casualidades y caprichos del destino que rodean siempre a la muerte, la frialdad y fanatismo del comando ejecutor: ( Fernando Lerdo de Tejada, Carlos García Juliá y José Fernández Cerrá), que acribillan a las víctimas, las cosen a tiros e incluso llegan a rematarlas en el suelo. Pero Jorge e Isabel Martínez Reverte desgranan en sus páginas los objetivos, las razones, los fundamentos de un crimen que pudo cambiar en horas el destino democrático de España y que el ilegal Partido Comunista de España afrontó con entereza histórica. No sin temer que aquella noche del 24 de enero de 1977 había comenzado en Madrid una matanza de comunistas, aunque querían comenzar por el famoso Andaluz de las Pecas (Joaquín Navarro)

La mujer y los hombres acribillados en Atocha son abogados laboralistas y casi todos militantes comunistas, defensores de los que osaban enfrentarse a la dictadura, de trabajadores que denuncian los abusos en las empresas pero también protegen los derechos de los que habitan en los barrios más humildes de aquel Madrid: Vallecas, La Celsa, Orcasitas, Palomeras, Entrevías o El Pozo, donde se contaban más de 30.000 chabolas. Y donde, casualidades de la vida, yo iba de pequeño, por motivos familiares. Allí descubría de sopetón ese paisaje a la vez hostil y humano que desde la vallecana Colonia San Antonio se abría paso gracias a gente como la de Atocha, 55. Pocos años después, ya de estudiante en la Facultad de Ciencias de la Información, volví al Pozo, a la Trapería de Emaús, a visitar y entrevistar para un trabajo de Sociología a ese popular Padre Llanos que comenzó llamando a los falangistas para socorrer a los pobres y acabó apoyando la causa de los abogados de Atocha. Para eso también sirve el libro de Jorge e Isabel Martínez Reverte, para desprenderse de prejuicios inútiles.

La lectura de La Matanza de Atocha es obligada si queremos conocer a los protagonistas de lo que se ha dado en denominar La Transición pero también sirve para reconocer en sus páginas el drama de la Guerra Civil y el enorme daño que la Dictadura franquista había causado a uno de sus pilares fundamentales: la familia. El ejemplo de la madre de Benavides enterándose de la muerte de su hijo, primero; y descubriendo (enloquecida por el dolor) su filiación comunista lo dice todo. De hecho, su hijo no sería enterrado junto a sus compañeros. Su madre, de ideas conservadoras, ha visto, cómo los que se llaman salvadores de la patria han matado a su hijo de una manera infame. O cuando la madre de Luis llega al hospital y llega a decir “Esto no le habría pasado si se hubiera quedado en casa con los niños y no conspirando con los comunistas”… Me recuerdan a la lacónica frase atribuida al padre de Miguel Hernández cuando se entera de la muerte de su hijo en el Reformatorio de Alicante: “El se lo ha buscado”.
Y en contraposición a lo anterior, la enorme oleada de solidaridad de un Madrid, de los trabajadores y trabajadoras de una ciudad que no sólo protegen a los heridos las noches siguientes al crimen en el hospital sino que cuando Manuela Carmena (que embarazada había observado de cerca la matanza de sus compañeros) reabre el bufete se encuentra con un turno de vigilancia las 24 horas del día que dura seis meses y que tiene por objetivo facilitar el trabajo a los Abogados de Atocha. Un bufete donde todos cobraban lo mismo, hasta quien se encargaba de la limpieza o de coger el teléfono.

La matanza de Atocha pone a cada uno en su sitio, ya lo verán (leerán). Sindicalistas, políticos, abogados, jueces, policías, empresarios, curas, periodistas, putas, terroristas, asesinos a sueldo, torturadores…. Todos, con sus nombres y apellidos, desfilan por el libro durante aquellos días de 1977 y luego por el extenso sumario del caso. Y como todos, de una manera u otra, son los protagonistas de la España posterior al crimen, el texto sirve para que, con ojo y conciencia crítica, descubramos, como decía la canción de Celtas Cortos: Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado, han cambiado…

P.D: Hay un pasaje en el libro que me dejó literalmente helado. Dice así: “Ángel Rodríguez Leal será enterrado en el cementerio de La Almudena. Hace un frío tremendo en La Almudena. La madre de Ángel le dice a su hijo José Luis, entre lágrimas, que hay que traer mantas, muchas mantas para que su hijo no pase frío”.

Rafael Moreno
Periodista, autor de 1888, El año de los tiros, La raya del miedo y Perseguidos

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