TERETES.
La/s iglesia/s.
[Paco Velasco]

Paco VelascoUn antiguo alumno me envía mensajes por las redes sociales queriendo llamar mi atención sobre su idea de que la iglesia es la mayor secta de la historia. Nunca respondo. En primer lugar, porque no especifica la identidad de esa iglesia. En segundo lugar, porque al no mostrar detalle sobre su entidad, desbarra al insacular a todas las asambleas de fieles. Y en tercer lugar, porque sus puyas, infiero por malicia, se dirigen a la iglesia católica. Dichas razones me hacen sospechar que mi muy querido alumno, inteligente y perspicaz donde los haya, se deja llevar por corrientes de aguas infectadas de vísceras. Cuando esto ocurre, el raciocinio se ahoga en el fondo del canal de la incomunicación.

La secta trasciende el marco de una iglesia y se expande por el concepto de organización en sus diversas acepciones: desde la familiar a la política, pasando, obviamente, por la religiosa. Todos aquellos que se apartan de las doctrinas oficiales de estos grupos son relegados al ostracismo porque sus prácticas se consideran extremadamente tóxicas para las mayorías entregadas. Lo que se hace, en consecuencia, es cerrar la comunidad de forma que nadie discuta a los prebostes de la misma su poder absoluto. De este modo, su aura de espiritualidad se difumina en el espeso aire del secretismo y del materialismo más grosero.

Si mi joven discípulo, ya todo un maestro que me enriquece, quiere divulgar, movido por no sé qué sentimiento destructivo que le agobia, las maldades de la iglesia cristiana o, más concretamente, católica, ya me explicará en qué funda su tesis, dentro de la actualidad de su corta vida. Acaso argumente que practica un proselitismo fanático, en cuyo caso, baste decir que si alguna vez lo hizo, hoy dista mucho de esa maléfica acción. Y si se inclina por criticar la desatención de la vida social y de la solidaridad entre los necesitados, acuda a la encíclica “De rerum novarum” o, en su defecto, se ilustre con las estadísticas de Caritas y otras instituciones volcadas hacia los más pobres. En caso de que pretenda persuadirme de la moral rigorista de los purpurados, le invito a que comprenda el esfuerzo que supone desprenderse, poco a poco, de atavismos seculares e integrarse en un mundo de libertades y derechos como el que nos toca vivir. En cuanto al matiz apocalíptico que caracteriza a las sectas, dígaseme qué grupo humano no se aferra al estúpido lema del “conmigo o contra mí”.

La represión y la renuncia al mundo no son términos propios de la escatología religiosa. Ni mucho menos. Si sumergimos nuestros ojos en la filosofía clásica griega, comprobaremos que, en realidad, con una explicación u otra, todos los grandes del pensamiento heleno coinciden en señalar que la felicidad se halla en la afasia de estoicos y epicúreos o en la libertad absoluta de hábitos y costumbres que preconizaban los cínicos. El yoga no es sino el ejercicio de sujeción de las riendas del caballo interior que conforman nuestros instintos y nuestros sentidos. La actividad humana en general se rige por conductas de sometimiento. El campesino se doblega ante el terrateniente y el obrero ante el empresario. El becario rinde culto al empleador y el profesor universitario se rinde ante el departamento que puede auparle a la ansiada cátedra. El parlamentario hocicará ante el líder de su partido si en algo estima su continuidad política de representante de los ciudadanos. El arquitecto se somete inexorablemente a las exigencias del cliente si quiere sobrevivir. Las actitudes mafiosas de ciertos partidos políticos, clubes deportivos o financieros, organismos públicos o privados, no convierte al todo en sujeto sectario. Sí a los autores del objeto. Incluso a los cooperadores necesarios. Y explicando siempre el qué, el quién, el cuándo, el cómo, el dónde y el por qué.

La secta, querido amigo E, no se dirime en el ring de las pasiones sino en el escenario del pensamiento que nos eleva a la sabiduría. Desde esta atalaya, podremos cultivar el arte de lograr la felicidad pasajera de aplicarnos en nuestras acciones y en nuestra vida. La iglesia católica no es una secta en sí misma. Como no lo es cualquier tipo de corriente religiosa, política o familiar salvo que devengan mafias irredentas. En cuyo caso, tampoco podremos consagrar a ninguna de ellas con el dudoso honor de ser la mayor secta de la historia.

Un abrazo, amigo E.

One Response to TERETES.
La/s iglesia/s.
[Paco Velasco]

  1. Aurelio Pino Domínguez

    He conocido y sigo conociendo algún que otro individuo, que bautizado en el seno de la Iglesia Católica, dicen sentirse defraudados por la misma, de tal forma que les gusta publicitar su repudio hacia la Institución que sus padres, pienso que llenos de fe, le llevaron para recibir las aguas, no ya del Jordán, simplemente de agua del rio de su ciudad, pueblo o aldea, o en ausencia de tal rio, de las fuentes artificiales que conducen tan apreciado bien natural.
    Pero estas personas, no siempre bien conocedoras de la Iglesia Católica, yo me atrevo a decir, que a ninguna otra Iglesia cristiana, no digamos ya la fe Mahometana o la gama de divinidades que reciben culto en la India y otros países de Asia. Los agnósticos que he conocido, gente culta por lo general, al menos tienen la gentileza de tratar a los creyentes católicos y a su Iglesia con el más exquisito de los respetos, como a la recíproca, los que nos sentimos católicos, respetamos sus posturas aunque no las compartamos. Nadie debiera tratarnos como una especie de “nuevos apestados”, pero los hay que siguen haciendo méritos….¿ante quién o quiénes?

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