TERETES.
La disculpa.
[Paco Velasco]

Paco VelascoAlguien dijo de Virgilio que creaba versos como la osa paría a sus cachorros, esto es, feos e informes. Sin embargo, a medida que los pulía, los embellecía y los perfeccionaba. Tal era la variación que cuando prescindía del pulido, la obra no parecía suya. La crítica subsiguiente no se hacía esperar. Y quien menciona a Virgilio no se compadece de las feroces críticas que, entre tantos ejemplos, dirigió Horacio al mismísimo Homero. Al cabo, los agraviados por el ataque dialéctico terminan pidiendo disculpas por sus errores, si bien en su fuero interno ni reconocían las razones de sus faltas u omisiones por más que pidieran indulgencia a quienes pudieron causar daño o perplejidad.

Han sido numerosas las críticas que este articulista ha realizado al señor Emilio de Llera, consejero de justicia de la Junta de Andalucía. He fundamentado cada una de mis reproches que nunca alcanzaron el grado de vituperio. Sin embargo, la que he de desarrollar hoy se acerca muy mucho a la reprobación política del alto cargo de nuestra Administración Pública. Cuando un individuo que milita en organizaciones partidistas actúa como sicario privado en vez de como servidor del bien general, no duda en soltar una retahíla de sandeces propias del descerebrado mayor del reino. En este sentido, De Llera ha efectuado unas declaraciones que descalifican su capacidad para seguir en el puesto, aunque de tiempo atrás ya se hubiera hecho merecedor a una destitución fulminante. Don Emilio ha cuestionado la independencia de jueces y fiscales, aseverando que algunos sujetos del poder judicial son irresponsables, arbitrarios y comparables con dictadores sanguinarios. Toma ya manera abrupta de estoquear el Estado de Derecho.

Contrariado por su incontinencia verbal y su infertilidad argumental, al tiempo que presionado por Susana y compañía, De Llera ha recurrido al comodín de la disculpa. Disculpa que esta parte entiende como apología de la voluntad de la micción sin echar gota, como escapatoria de niño malcriado ante la censura materna o como subterfugio de charrán para largarse volando del escenario violado. Si un ciudadano falta a su compromiso social porque, sencillamente, ha experimentado un fundado cambio de opinión o se han modificado las circunstancias, a nadie debe pedir disculpas pues su intención original ya no está vigente. En el caso que nos ocupa, no ha existido cambio de opinión. Tan solo, nada más y nada menos, se constata el quebranto de su promesa de equidad hecha a la sociedad. El tipo que pega coces al vecino de fila o al compañero de mesa, no puede justificar su instinto de bestia parda acudiendo al mecanismo impostor de la disculpa como capa que todo lo tapa. No. La disculpa ha de convertirse, por emisión reiterada de un mal concreto, en antesala de un adiós irrevocable o de un despido contundente. O, cuanto menos, que fundamente lo de la irresponsabilidad y arbitrariedad y sanguinaria dictadura de sus colegas de profesión.

Y si no, que explique a los votantes de Podemos, entre los que no me encuentro, por qué en un momento dado les llamó enfermos. Que diga cuál es su enfermedad. Que no vale que, al minuto, pida perdón y pretenda sanarlos con su cuita falaz. Don Emilio, a casa. Como dicen los yanquis: “go home”. Menos excusas y más culpas. No hay contrición sin arrepentimiento. Reincidente.

 

One Response to TERETES.
La disculpa.
[Paco Velasco]

  1. Aurelio Pino Domínguez

    Quisiera saber cual es el “mensaje” que debiera haber enviado el Consejo General del Poder Judicial, si es que aún no lo ha hecho, tanto al Gobierno Autonómico de Andalucía como al mismísimo Sr. De Llera. Ya está bien de “Hoy me cachis en tus seres más queridos” y mañana “Lo siento, esa frase la pusieron los de la prensa (matar de nuevo al mensajero) fuera de contexto”. Y vengan días y vengan bollos.

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