VENTANA DEL AIRE.
Sobrevivir.
[Juan Andivia]

juan andiviaNuestra lengua concede a la palabra sobrevivir la acepción de “vivir después de la muerte de una persona o después de un determinado suceso”, además de las otras que conocemos; sin embargo, no registra el término posvida que, desde mi punto de vista muy experimentado, está en relación con la primera.

Uno puede sobrevivir (hablando de humanos) a alguien con quien estaba íntimamente relacionado, con quien convivía en su sentido etimológico de vivir con; por ejemplo, a su esposo o esposa; uno fallece y el otro le sobrevive. También se puede usar como la descripción de algo que acarrea la superación de grandes dificultades, por ejemplo; “una mujer de setenta y dos años sobrevive en el desierto comiendo plantas” o “sobreviven con doscientos euros al mes”. Y, en todos los casos, el prefijo está indicando que esa vida que se tiene no es ni la que era ni la que debiera ser.

Sobrevivir hoy es más común de lo que parece: Empleos precarios, con sus sueldos correspondientes, política precaria, secuestros, desahucios, dramas familiares y situaciones que colocan a sus protagonistas en el deber de luchar, desde la existencia, para lograr algo de vida.

Y de ahí la palabra que mencionaba al principio: posvida. Se la oí a Fernando Savater, en la radio y se refería a lo que él hacía, o lo que la vida había hecho de él, tras la muerte de su esposa. Sí que escribía, sí que daba conferencias y sí que se aseaba y se vestía (supongo, porque no continué escuchándole), pero esta etapa estaba tan anclada, tan condicionada, tan incardinada en la anterior que, sin su compañera, no podía utilizar “vida” para denominar la misma realidad.

Y esto es lo que pasa, los felices por presencia, ausencia o profesión hablan de “rehacer” y no saben que los jarrones de la dinastía Ming no tienen arreglo y pierden todo su valor cuando un vendaval torpe los estampa contra al suelo y sus pedazos de alma quedan esparcidos por la habitación, por las habitaciones.

Porque si Lope describió el amor en su conocido soneto “Desmayarse, atreverse, estar furioso” (que siempre recomendaré), ahora cabría cambiar los dos últimos versos para indicar lo que es asolar lo que antes fue un jardín: “dar la vida y el alma a un desengaño; / es la posvida, quien la probó lo sabe”.

Por cierto, esta palabra no puede encontrarse en google, porque la creencia general es que únicamente se muere cuando se expira. ¡Hay que ver qué pocos sabemos los humanos!

 

 

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