Junta de Andalucía

TERETES.
Docimología.
[Paco Velasco]

Paco VelascoUna de las grandes razones del fracaso de un sistema educativo es el entramado mental que nos hace confundir el saber con el aprobar. De esta confusión emerge la idea equivocada de que quien aprueba, sabe.

A partir de esta base intelectual, más errónea que algunas resoluciones de Bolaños, se llega fácilmente a la estúpida conclusión de que el escaparate es el indicativo de lo que se custodia en la trastienda. De ahí que el poder de los medios haya alcanzado cotas inimaginables hace un par de
décadas y que se haya elevado a los anales de las burradas expresivas el lema de que el fin justifica los medios.

En este contexto, se explica el auge de la llamada docimología, la disciplina que, en definitiva, verifica los resultados de la enseñanza. Más antigua que los años de cocina, esta ciencia refrenda que los humanos incurrimos en el vicio general del resultadismo. No hay más ley que el éxito superficial por más que vano y efímero. Las autoescuelas constituyen la exégesis de esta cultureta vacía. Las mismas oposiciones de acceso a puestos de la Administración reflejan con fidelidad este síndrome de la gabardina en verano. Y qué decirles de los repugnantes métodos electorales que se gastan los políticos con tal de obtener el voto de la ciudadanía.

Fíjense en Rajoy. Utiliza la vieja práctica bélica de la cooperación soterrada y sutil con el enemigo emergente, en tanto devendrá aliado coyuntural contra el combatiente sempiterno. En cuanto a Sánchez, observen cómo las posturitas y los tópicos de campaña conforman su única armadura a
fin de paliar la debacle que se vaticina. Rivera, más de lo mismo porque sabe que, tras la cara de niño que no ha roto un plato, solo se visualiza la coronilla de ese infante “malauva” capaz de destrozar la mejor vajilla.

Y en cuanto a Iglesias, el más listo de la clase, el mensaje es que cuanto peor, mejor y que el cuento de Pedro y el lobo se hace carne mortal entre su cuadrilla de costaleros de la hermandad del conchaveo venezolano.

Iglesias sí que sabe. El tipo domina la propaganda como nadie y como pocos zarandea la sábana de la blanca agitación populista. Que siniestro y apocalíptico Rajoy, sonrisa profidén de esperanza cierta de Podemos. Que pecholata Sánchez, espalda jorobada del esforzado Pablo. Que ante la fiesta
religiosa del corpus de las urnas, el lustroso chaqué de la socialdemocracia. Que ante la asechanza del comunismo de Garzón, la imagen mesiánica del nuevo Jesús del Monederismo del Palmar de La Tuerka.

De la docimología a la psicoestética, un pasito. La primera garantiza el éxito del pellejo intelectual. La segunda reclama el triunfo del más burdo lifting. Aquella es una fatua ciencia generalista. Esta, una ciencia aplicada al engaño. Ambas venden fraude colectivo porque las dos desdeñan la convicción por la razón y se apuntan a la seducción de los tenores huecos.

Las elecciones del 26 de junio ilustrarán como nunca hasta qué parte de nuestra personalidad han influido los estilistas del artificio y los voceros de la mentira mil uno, convertida en verdad dictada.

Termino, como don Antonio Machado: “a distinguir me paro las voces de los ecos y escucho solamente, entre las voces, una”. Un brindis por nuestro acierto al distinguir. Nos jugamos mucho.

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