Enoturismo, un viaje a lo más profundo de nuestros sentidos

Cada vez más, el turista está dejando de ser un viajero que busca solo sol y playa, para convertirse en un buscador de sensaciones. Es por ello que el llamado enoturismo, el turismo a través de algo tan milenario como el vino, cada vez se está convirtiendo en una alternativa para miles de personas que no solo quieren ir a un lugar determinado sino conocerlo en profundidad y, sobre todo, en captar los momentos y las sensaciones que se quedan grabadas para siempre en nuestro cerebro y que no son capaces de captar ni un vídeo ni una simple foto.

El enoturismo nos permite conocer una zona a través de sus vinos, de sus bodegas, de sus plantaciones de viñedos. Es un viaje a lo más profundo de la tierra, a la tierra de donde nace un producto tan especial que los griegos y los romanos le tenían reservado su propio dios (Dionisios y Baco).

Nuestro país ofrece una gran variedad de posibilidades para hacer enoturismo. Nosotros vamos a profundizar y a recomendarte el enoturismo en Cataluña, una zona en la que se cultiva el vino con mimo exquisito y donde la cultura enológica es más variada y atractiva.

En Cataluña hay once denominaciones de origen, además de la denominación de origen del Cava. El denominador común en todas ellas es su calidad.

Sumergirse en una ruta del vino por el Priorat, el Empordá, el Penedés o Lleida no es solo viajar para conocer los ricos caldos que se producen en cada una de estas zonas, sino profundizar en conocer una tierra que ofrece, además, el maridaje perfecto con una rica gastronomía y una muestra de edificios que, preparados para ser cooperativas vinícolas, han acabado siendo auténticas catedrales del vino por su extraordinaria belleza arquitectónica.

Un viaje enoturístico es ideal para sumergirse en las emociones sensoriales que produce el vino y en todo el mundo de sensaciones visuales que provocan edificios de la belleza de la bodega cooperativa de L’Espluga de Francolí, por citar solo un ejemplo.

En Cataluña hay unas 300 bodegas que están listas para ser visitadas y la oferta enoturística contempla todo tipo de experiencias, desde la recogida del producto a su producción y, por su puesto, a su cata.

El Priorat es una de las rutas imprescindibles. Sus vinos son apreciados en el mundo entero gracias al gusto singular que les da la piedra de pizarra en la que crecen sus vides. Su geografía abrupta y de paisajes espectaculares no deja a nadie indiferente, como ocurre con la bodega Fals et Marcá, construida por César Martineli, discípulo de Gaudí.
En la Denominación de Origen Empordá se pueden probar vinos negros sabrosos y con cuerpo, así como blancos frescos y únicos como la garnacha, un vino dulce, y rosados de graduación moderada. Todo está pensando para sorprender al visitante, que puede sumergirse en la zona montando en una bicicleta eléctrica que incorpora serones de los que llevaban los burros de los agricultores antiguamente. O bien elegir una cena al fresco, un concierto entre viñedos o vendimiar en familia, sin olvidar visitas teatralizadas.

Si viajas a Leida es obligado hacer enoturismo y conocer la denominación de origen Costers del Segre. La visita a cualquier bodega de esta zona es la excusa perfecta para recorrer algunas de las siete subszonas de producción de esta denomiación de origen y ver cómo se practica la agricultura orgánica.

La mayor producción de vino en Cataluña es la denominación de origen Penedés, con unos vinos negros y aromáticos y unos rosados intensos, sin olvidar sus vinos blancos, ligeros y aromáticos.

Las localidades de visita obligada son Vilafanca del Penedés y Sant Sadurni de Anoia, donde es posible aprender a podar, participar en talleres de etiquetas o hacer una ruta en BTT y ‘segway’.

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