TERETES.
Pérez Viguera.
[Paco Velasco]

Paco VelascoNunca fui amigo de lisonjas ni de adulaciones. Si me cito con el demonio, no quiero que se vaya a comer. Un viejo proverbio español advierte que quien hoy te adula, mañana te traicionará. En cuanto al personaje que da título al presente artículo, jamás tuve un más o un menos con él. Ni siquiera fuimos alguna vez presentados.

He leído en la prensa el homenaje que se ha rendido al señor Pérez Viguera, Subdelegado del Gobierno de la Nación Española en Huelva. Nunca asisto a este tipo de actos por fobia al carácter socialmente cortesano de los mismos. La presencia en el evento de distintos adversarios políticos me induce a creer, como decía Fanfani, el político más poderoso de Italia, desde Mussolini, que cuando se es ensalzado por el enemigo, es que algo se ha hecho mal. Algo habrá hecho mal don Enrique, sin duda. Sin embargo, participo del sentir generalizado sobre la calidad humana de este señor. Políticos de su talla escasean.

Uno, cuya edad avanza cercana a la del señor Viguera, es hijo, como él, de una España que se desarrolló en la dictadura franquista, que se educó conforme a unas pautas de calidad universitaria donde el rigor y la abnegación eran principios irrenunciables y que se redimió política y personalmente cuando advino la democracia y se firmó la Constitución del 78. Aunque nada signifique para muchos, sobre todo porque no sufrieron la falta de libertades, nuestra Carta Magna supuso la consagración de la unidad de España y de su convivencia democrática. Enrique Pérez Viguera ha entendido de tal manera el contrato social que esta Biblia laica comporta, que ha hecho del consenso el timón de su actividad política. De esta manera, pone de manifiesto que lo nuevo aporta más riqueza a lo que de bueno arrastra consigo lo viejo.

Desde estas líneas, a veces ácidas con los políticos del signo que fueren, felicito al señor Pérez Vigueras por su jubilación. La barrera de los 70 no requiere saltos. Basta un soslayo. En este sentido, Enrique no ha hecho sino una finta al trabajo oficial. Seguirá produciendo ideas y acometiendo hechos que redunden en beneficio de todos. Seguirá en la lucha por mejorar nuestro entorno y por mostrar que la corrupción nunca le salpicó.

Enrique se jubila pero nunca será demasiado viejo para seguir en la brecha del ejemplo y de la autoridad moral.

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