Laberinto social.
A ti Manuela.
[Federico Soubrier]

federico soubrierPor supuesto si alguien merece mis letras y mis reflexiones, esa eres tú, Manuela. Aunque ya tienes muchas íntimas, de esas escritas a mano, tengo suerte, no todo el mundo puede tirar de una ventana pública para expresar lo que siente y dejarlo ahí plasmado casi para siempre, o quién sabe si eternamente. Lo tengo claro, tú lo mereces.

Vaya por delante que aquí soy yo el que se siente a la sombra del árbol y sencillamente de esta relación sellada por un juez con las gafas tintadas con tela de araña por su reciente rotura, me quedo con que nadie es de nadie, que a veces no me explico por qué andas a mi vera, y que es bello que quien tiene la libertad y el mundo a sus puertas se quede a tu lado, sobre todo no siendo el que escribe un dechado de virtudes.

Te negaste en varias ocasiones a casarte conmigo con tu “no” rotundo, a pesar de realizarte la petición en más de un país, me alegro de que lo pensaras mejor, y espero que no te arrepientas algún día, en cualquier caso habría valido la pena, sobre todo para mí.

Sería tan fácil decir que cocinas de un modo espectacular, lo trabajadora que eres o que cantas de tal manera que hasta Ulises hubiese sucumbido ante ti si hubieses formado parte de aquella corte de sirenas. Pero hay cuestiones más importantes, incluso por encima de tu belleza, esa que sabes que venero y seguiría adorando si mil años viviera.

Aquí cabe destacar tu humanidad, tu generosidad, tu inteligencia acompañada de memoria eterna y tu firmeza, todo un compendio de virtudes que te hacen exquisita como pareja.

Jamás empalagas con el cariño pero te preocupas a la más mínima señal que te resulta incierta, haces que me sienta cuidado, que no protegido, cuestión de agradecer en estos tiempos en que cada uno lleva su vida, olvidando incluso su entorno familiar.

El hombre que no presume o está orgulloso a voces o en silencio de su pareja, pierde el tiempo; yo he tenido tu apoyo incondicional incluso cuando estaba equivocado y tengo mucho o todo que agradecerte. Te aseguro que sin ti, hoy no estaría escribiendo nada, y menos algo que se pareciese a esto.

Quisiera hacer este escrito extensible a todas aquellas mujeres que como tú lo merecen, siempre aclarando que no sois nuestras ni de nadie, que el mundo es grande, extenso y repito, nadie es de nadie, nos hacéis un favor permaneciendo a nuestro lado, que casi nunca estamos a vuestra altura, que indudablemente os necesitamos aunque a veces no lleguemos a entendernos y que sin vosotras este mundo estaría desierto. No entendería pasar un día sin ver una sonrisa de mujer, me da igual su edad, su tipo o el color de su piel, y estoy seguro que ello me viene porque fue lo primero que vi al nacer.

No quiero extenderme aquí, ni entrar en intimidades que a nadie importan, quiero felicitar a todas esas mujeres que como tú, están ahí, contigo, a tu lado, facilitándote y alegrándote la vida, ayudándote en los momentos menos buenos y celebrando contigo tus pequeños éxitos, engrandeciéndolos, haciendo que te sientas grande siendo pequeño.

Gracias Manuela, vives en una jaula sin puertas y estoy feliz de que aun sigas a mi vera. Cada día me alegra verte de nuevo, tal vez al despertar debiera abrir los ojos con un poco de miedo y con un mucho de agradecimiento. Es más, creo, estoy seguro de que así lo hago sin darme cuenta. No tengo dudas de que todas, a vuestra manera, sois las mujeres perfectas.

Vaya por delante que sé que nada de lo que yo pueda escribir de ti estará al completo ni te hará justicia, venirte a vivir a Mazagón siendo mujer urbana y aceptar todo lo que esta localidad conlleva, que no es poco, te engrandece como pareja. De nuevo gracias por tu tiempo y por tu paciencia, ¡he tenido demasiada suerte, y espero no perderla!

Federico Soubrier García – Sociólogo y Escritor