Junta de Andalucía

TERETES.
Intermitentes e indecisos.
[Paco Velasco]

Paco VelascoSalvador Sostres, periodista de prosapia, no pasa de señorito de novela de Ignacio Agustí. Hoy nos regala un artículo bien escrito y mañana pasa factura a su parroquia de lectores con una diatriba sobre los que tienen que servir, al más puro estilo Gracita Morales. Si intermitencia es, sin embargo, de prejuicios. Por el contrario, su pluma posee una calidad incuestionable.

Pedro Sánchez es un indeciso. Su falta de seguridad reside, aparte de la escasa confianza en su papel de líder, en su ambición por alcanzar a toda costa algo que escapa a sus méritos y cualidades. Titubea entre abstenerse en la investidura de Rajoy y escuchar los cantos de sirena de los machos alfas territoriales de los “paisos” mediterráneos. De no ser por el temor a una destitución, tiempo atrás hubiera pactado con los radicales que se ciscan en la unidad de España. El hombre quiere amar pero recela de la carga agónica de las emociones inherentes.

Albert Rivera es el más listo de los intermitentes y el más torpe de los resueltos. Su tiempo se acaba al ritmo de la decadencia de la ilustre dirigente de UPyD. Mientras tanto, da una de cal y veinticinco de arena. No veta a Mariano pero Rajoy no vale para formar gobierno. Se pone de alfombra ante Susana Díaz mas pisotea el tapiz de Cifuentes. Se resiste a apoyar al PP aunque huye de la tercera ronda electoral. Sabe que el tiempo es un tigre devorador sin  darse cuenta, parafraseando al gran Borges, que ese tigre es él mismo.

Pablo Iglesias se presenta como intermitente e indeciso a la vez. De tan calculador, yerra en las sumas y confunde multiplicandos con cocientes. Ayer lanza a los cuatro vientos del hemiciclo la bestialidad de la cal viva sobre el Psoe y hoy refiere su acendrada pasión por el socialismo heredado del santo de su fallecido abuelo. Pretende asaltar el cielo pero vuelve a equivocarse en la elección de los mercenarios y de las armas idóneas. Lo mismo pone un altar a los fundamentalistas de Irak y de Venezuela, que reniega de su vida pasada. Enciende un cirio a los comunistas y a continuación despliega las velas mohosas de la transversalidad política.

Y luego, Rajoy. Ni indeciso ni intermitente. Socarrón. Martillo pilón. Aquello de que los grandes logros requieren extremos riesgos, le resuda. La fórmula del fracaso de sus antagonistas es que quieren complacer a todos. Ni Esperanza ni Soraya. Ni Cristina ni Cristóbal. Mariano. Con su minoría mayoritaria, los tiene uncidos al yugo del silencio y del poder. Quiere la presidencia. No le vale un gran sacrificio ni muchos pequeños sacrificios.

La indecisión y la intermitencia son las campanas que señalan la hora de funerales. El oficiante está, sigue, en funciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *