El Complejo Hospitalario refuerza el ‘Código Ictus’

El Complejo Hospitalario Universitario de Huelva ha reforzado el protocolo de actuación urgente conocido como ‘código ictus’, que coordina la asistencia a las personas que sufren un accidente cerebrovascular o ictus, con el fin de activar con la suficiente celeridad y de forma coordinada las distintas fases y actuaciones que permitan reducir las posibles secuelas al iniciarse el tratamiento durante las primeras horas.

Se trata de un circuito de atención prioritaria que se ha centralizado en el Hospital Infanta Elena, en el que se encuentra integrada la Unidad de Neurología del Complejo Hospitalario, y que está coordinado por un facultativo de esta especialidad, si bien participa de manera fundamental en la aplicación y seguimiento del tratamiento la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), además del área de Urgencias y de los servicios de apoyo clínico como las áreas de Laboratorio o de Radiodiagnóstico. En este protocolo resulta también fundamental el papel del servicio de emergencias 061 y de los dispositivos de urgencias de la red de atención primaria, con el fin de que el paciente reciba la asistencia de manera inmediata, de modo que se puedan reducir las complicaciones asociadas.

Este sistema de priorización, que se ha reforzado en el Complejo Hospitalario con un papel creciente por parte de la Unidad de Neurología y con un mejor abordaje en la implantación del tratamiento, está indicado en los casos en los que el accidente cerebrovascular acaba de producirse y el paciente se encuentra en el proceso denominado ‘ventana terapéutica’, es decir, durante las cuatro horas y media siguientes al incidente, en las que la aplicación de dicho tratamiento farmacológico resulta más efectivo y permite recuperar las funciones de parte del área cerebral afectada evitando secuelas físicas y cognitivas.

El ‘código ictus’ es una de las acciones que la Junta de Andalucía viene reforzando en el marco del Plan Andaluz de Ataque Cerebral Agudo (PLACA), sobre todo teniendo en cuenta que la patología cerebrovascular constituye la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda en hombres, y consiste en una pérdida de la función cerebral de naturaleza no traumática que se desarrolla de forma muy rápida por la falta de aporte sanguíneo al cerebro. Sus síntomas pueden ser, entre otros, la pérdida de fuerza en medio cuerpo, dificultad para hablar y entender o la pérdida súbita de visión.

De esta forma, cada vez que el servicio de emergencias o el propio personal de cualquiera de los centros hospitalarios reconoce los síntomas de un posible accidente cerebrovascular, se activa el ‘código ictus’ articulando de forma prioritaria una serie de medidas y actuaciones que agilizan la implantación del tratamiento. Éstas abarcan desde la asignación del nivel 1 en Urgencias, que supone la atención inmediata, hasta la realización de forma protocolizada de una serie de pruebas radiológicas y analíticas iniciales en un periodo de tiempo menor a una hora, y el ingreso en la UCI para la implantación de determinados tratamientos que requieren de una monitorización y una exploración neurológica continuadas.

El tratamiento más frecuente para el ictus consiste en la administración de fármacos, ya que la terapia con fibrinolisis o trombolisis mejora notablemente la evolución de determinados pacientes, concretamente aquellos que presentan infarto cerebral isquémico e importante déficit neurológico. La fibrinolisis consiste en un tratamiento intravenoso con trombolítico, es decir, un fármaco que disuelve el trombo que obstruye las arterias, con lo que se mejora de forma notable la evolución de los afectados.

En paralelo a la oferta de atención urgente a los afectados, la prevención del ataque cerebrovascular constituye otro de los ámbitos de actuación, debido a la necesidad de concienciar a los pacientes con riesgo de padecer un accidente cerebrovascular o aquellos que ya han sufrido alguno acerca de la importancia de la prevención. Se hace necesario un cierto control de los factores más relevantes como la hipertensión arterial (más del 50% de pacientes con ictus son hipertensos), con el cumplimiento de la medicación y la reducción del consumo de sal, así como la atención al colesterol elevado (el 40% de los afectados) y la diabetes, adoptando estilos de vida saludables -práctica de ejercicio físico moderado y seguimiento de una alimentación adecuada, así como el abandono del tabaco-, evitando que puedan volver a sufrir un episodio de estas características.

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