Junta de Andalucía

TERETES.
Niza somos algunos.
[Paco Velasco]

Paco VelascoVivimos un mundo despiadado. La democracia se cuece en el sucio caldo de las audiencias y de los índices manipulados. La felonía es moneda de uso corriente. Los valores se disipan en la atmósfera enrarecida de la subjetividad pringosa de las televisiones. Todo apunta a posiciones extremistas. Cuando los disparos de los radicales sectarios dan en la diana, el mundo circundante se echa a temblar.

El atentado de Niza se explica en el contexto señalado de las mil y una refriegas pseudorreligiosas. Aquí se mata en nombre del dios cristiano o musulmán y nos quedamos tan anchos. No culpemos al calor de las atrocidades de los verdugos. El asesinato de la costa azul francesa es un acto terrorista perpetrado en nombre, tomado en vano, de un dios. La catástrofe estival es reciente pero se auguran salvajadas peores.

La crueldad del camionero asesino se agiganta a partir de los comentarios que algunos malnacidos publican en las redes sociales. Que si es un accidente de tráfico, declaran ciertos hijos de santa madre. Que si la culpa de la masacre reside en Aznar. Que todo sería de forma distinta si el diálogo se transmutara en sumisión. Que no hay por qué condenar la matanza. La barbarie nunca tiene explicación y, menos, justificación.

La interpretación dialéctica de la historia arrasa. En nuestros días se impone la consideración de que los europeos no musulmanes no quieren un mundo occidental vinculado al islamismo. Al tiempo, la islamofobia acrece al ritmo de las barrabasadas de los ultras fascistas de derecha y de izquierda. Semejantes dislates anuncian la llegada de contiendas galácticas. El fallido golpe de estado en Turquía pone de manifiesto que los epígonos y los secuaces del Ku Klux Klan se han apoderado del mundo libre.

No es admisible la idea de que el Islam promueve la violencia. Del mismo modo que no es predicable del cristianismo la cruzada en el siglo XXI. Algunos, por muchos que seamos, no podemos dejar de ser Niza. Niza somos todos. Mientras no se entienda esta identidad, volveremos a desfigurar la verdad.

La locura satánica del conductor criminal ha de combatirse con una repulsa unánime. Sin fisura alguna. Con la mayor contundencia. Por respeto y mimo a nuestra democracia. Los iluminados que se amparan en el anonimato para justificar esta crueldad, deben ser objeto de tipificación en los códigos penales. Salvo que algún tonto presente y futuro plantee que el zigzag del camión fuera efecto de un disparo de herida al conductor.

A dónde no habremos llegado que hasta Batasuna incluyó, allá por 2011, la expulsión de sus militantes que justifiquen, fomenten o apoyen políticamente el terrorismo. Fíjense: Batasuna, tan cerca de ETA. Niza debemos ser todos. Todos los bien nacidos. Matizo.

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