Junta de Andalucía

Exposición colectiva en la ermita de San Sebastián de Ayamonte

Paco Rodriguez. pintoras del Taller de pìntura El rellano.(Texto y fotos: José Luis Rúa)  Es gratificante subir hasta la ermita de San Sebastián a la caída de la tarde y ver ese juego de colores sobre el horizonte, esas azoteas blancas disputando el protagonismo a los naranjas y azules y esas mujeres sentadas plácidamente mirando a lo lejos, no se sabe que. Pero la razón última de llegar hasta este lugar, cerrado casi todo el tiempo del mundo y abierto de vez en cuando y casi siempre para dejar colgadas en las paredes obras de los muchos y buenos pintores de la tierra.

La Asociación Juvenil El Solá, llegando estas fechas, abren las puertas para dar cabida a una exposición colectiva que anuncie que estamos en el comienzo de las Fiestas del Salvador, las Fiestas del Barrio de la Villa, el pueblo blanco colgado de una loma mirando hacia todas partes. Es una cita obligada y es una satisfacción ver como paletas nuevas vienen dando fuerte, pidiendo un lugar entre sus paisanos, pintores de toda la vida, maestros eternamente.

Cástulo deposita sobre el altar mayor el caballete que porta el cartel de las Fiestas. Un pregón sencillo y bello, lleno de color y líneas, las justas y con enorme precisión definiendo la estrella anunciadora del barrio, el templo del Salvador. Magnifico. Andrés Moreno se emborracha con la puesta de sol, cargada de un atardecer lleno de azul y naranja separados por una línea que hace de frontera entre dos mundos. A su lado Paco Rodríguez que define el paisaje y lo interpreta con maestría. Una visión cenital que empieza a ser familiar entre nosotros. Fuegos de artificio cargados de líneas hacia todas partes. Y en el lado más alejado, otro joven estudiante de bellas artes y deportista de nivel, Simón López, que deja al espectador interpretar la fuerza de su color en el rostro de su abuela e intuir los canales de Venecia en los juegos de luces. No le teme al tamaño, lleva con habilidad la fuerza de la pincelada a cada palmo del lienzo. Entre ellos, Ángel Cabel, experto y veterano, capaz de jugar con el color a través de la pincelada corta y hacer de los paisajes del Ayamonte, un recordatorio colorista.

En la otra margen de esta ermita silenciosa, las componentes del taller de pintura el Rellano, se conjugan contra todo y ofrecen la sensibilidad de su paleta, las tonalidades pastel y la suavidad de sus líneas. Gema Cayuela en su evolución personal muestra una naturaleza muerta, pero llena de una vida real que se sale del lienzo. Mientras Ela Borrego, muestra como novedad, un paisaje urbano en pastel, de delicadas líneas, en contraposición a la fuerza y colorido del costumbrismo parisino de Rosa Gómez. Dejando a su compañera Rosa Cabalga con la suavidad de unas flores que penden de fondo perdido en el juego de azules y una gama cromática a la que se siente muy unida. A Fátima Concepción se le reconoce el trabajo en la Huerta Los Naranjos, con esos paisajes inconfundibles y esa alberca de otro tiempo perdida entre madreselvas y jazmines. Finalmente reconocer la obra de Manolo Giraldez, llena de un hiperrealismo que le caracteriza y que asombra con la majestuosidad de lo sencillo y la belleza de lo cotidiano.

Un conjunto de obras que hablan por sí solas, pero que curiosamente enfrenta dos estilos, el suave y delicado de las pinceladas femeninas frente a la fuerza del color y los juegos de luces de los jóvenes, todos ellos venidos de la universidad y poseedores del aprendizaje de técnicas y estrategias del estudio y la evolución. Una oportunidad del disfrutar del frescor de la noche y del colorido de este conjunto de pintores abiertos a todas las lecturas. Felicidades.

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