Junta de Andalucía

Tarde grandiosa de toros en La Merced, con el mito José Tomás dando la alternativa al nuevo torero de Huelva, David de Miranda

Puerta grande para los tres diestros: José Tomás corta cuatro orejas y dos logran David de Miranda y López Simón

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Texto: Javier García Baquero) Ficha técnica: Plaza de toros de La Merced Lleno de no hay billetes Toros de Victoriano del Río, de muy presentación mansos, nobles y a menos, mejorcito el cuarto.

José Tomás, de tabado y oro: Dos orejas y dos orejas.
López Simón, de rosa y oro: Ovación tras aviso y dos oreja.
David de Miranda, de blanco y oro, que tomaba la alternativa: Dos orejas y ovación.
Comentario:

Buena tarde de cuadrillas. Saludó al completo en los dos tercios de banderillas la cuadrilla a pie de Miranda, Manolo Contreras Fernando Perira y Pedro Uriel y fueron ovacionados Iturralde y Tito Sandoval el sus tercios de picas.

No es cosa fácil contar esta corrida con objetividad para quien derramó alguna lágrima de emoción cuando vio brindar a Miranda el primer toro de su vida en la Plaza de toros de Huelva  a su madre. Pidanme, ya saben, sinceridad, no les prometo ir por derecho. No era tampoco fácil para el torero de Trigueros abrir plaza ante una figura de época y un torero que está en todas las ferias de postín de España. Y sin embargo, lo hizo sencillo el torincantano, cogió el camino recto de la verdad, de echar los vuelos de la capa para llamar los duendes y echar a los fantasmas. Toreo puro por verónicas y cumbre el quite por saltilleras mirandianas. Ya la plaza era un olé cuando

Tomás le cedió los trastos en ceremonia sencilla y ritual. El torero entonces siguió por ese camino del concepto puro, arrucinas, pases cambiados en distancia de pavor, todo con la  mano baja, todo en muletazos de expresión larga, inventando la ligazón desde la media embestida del toro y con la sinceridad de la colocación en el terreno donde se pasa miedo y por donde pasa la gloria.

Faena medida ante un toro a menos. Con la gente muy metida en el ruedo por la verdad del toreo eterno que es la ligazón. Todo cadencioso, recordando aquello de “Que difícil es/ comer despacito/ cuando hay ganas de comer” y todo lo hizo Miranda con velocidad de figura del toreo, sin temer cuando el burel le buscaba en cada remate o cuando se paró en medio de un muletazo.
Apostó a  finales en pegarse el arrimón sin alharacas, lejos de las prisas y cerca del toro, con la muleta eternamente planchada y en la cara del “saborió” Distante de Victoriano. Listo de listeza madura, Miranda eligió los medios y dar ventajas al morlaco como un torero cuajado.
Las bernardinas finales fueron escalofriantes y la pureza de la suerte de matar, entrando a morir por arriba ante el toro ya aculado y más distante que nunca… La plaza rugió cuando vio la estocada hasta la bola y el trancazo gordo del toro en el pecho y la mandibula del nuevo torero de la vieja Onuba.
Dos orejas que llevan los sueños de la Huelva que buscó un torero, los afanes del Trigueros que supo entregarse y de la entrega de un hombre que ha sabido vivir para esto. La afición debe apuntar este nombre para no equivocarse, el de un TORERO, de los de verdad, de valor, personalidad y temple. Supo David saber emocionar, ahora a respetar al toro, a cuajarse y a volver a Huelva habiendo toreado en mil ferias de ciudades con metro.
El sexto fue un toro, como toda la corrida, sin codicia, saliendo suelto y sin querer pelea. Sólo el buen trato de Miranda permitió dos tandas de enjundia antes de rajarse. Mató Miranda tras pinchazo y saludo. Ovación antes de salir a hombros.
José Tomás es el mito hecho carne el toreo soñado hecho natural y la verdad del cuento desnuda y sin adjetivos. Sin apenas enemigo en el primero cimentó la faena desde los lances de recibo en la suavidad del poder sin contestación y en la medida de un arte hecho poder, una media en el recibo se nos quedó en la retina, la embestidas colándose del toro no importaron al de Galapagar para marcar una cumbre al natural que los tendidos le cantaron con emoción del que ve toreo grande. Estocada desprendida y dos orejas de ley.
Al cuarto, el toro con más fuelle le instrumentó una faena soñada, vertical, despaciosa, pura de pureza torera, de toques suaves y para dentro, de quedar siempre colocado en ese sitio donde el toreo duele y la verdad llega, trincherillas ligadas, naturales sentidos en la cintura, y dados con los pies juntos y en lo hondo de las marismas de la Vega Larga. Torero de mil quilates y un millón de matices. Dos orejas de nuevo al poder torero del que manda en esto, llena las plazas y nunca defrauda.López simón no vino a mirar sino a arriesgar, a torear con un valor seco y a decir que quiere seguir pitando y a fe que lo consiguió con un lote deslucido y con peligro. Al primero le quiso hacer faena en terrenos donde el toro dijo pronto su condición, lo intentó todo el de Batajas y mató mal. Ovación.
Al quinto sí que le supo administrar las fuerzas y los territorios. Faena típica de Simón muy de verdad y de mucha quietud, con la tela siempre en los belfos del manso. Huelva se entrego a su verdad torera y cortó dos orejas que le abrieron la puerta grande de la plaza que hoy fue centro mundial del toreo. Ovación antes de salir a hombros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *