El triunfo pasa a caballo por La Merced

Cartagena, Ventura y Romero salen a hombros en el cierre de Colombinas en La Merced

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(Texto: Javier García Baquero)  Ficha técnica: Plaza de toros de La Merced, lleno. Seis toros de Los Espartales.de correcta presencia y potables a menos. Andy Cartagena, oreja y oreja. Diego Ventura, oreja y dos orejas. Andrés Romero, vuelta tras petición y dos orejas.

Comentario:

Se fueron las Colombinas. cuatro festejos mayores y esa cosa llamada clase práctica. Ya llegarán momentos de análisis, pero a galope de urgencia de crónica calificamos académicamente: aprobado la novillada, notable la alternativa, muy deficiente la de Salvador Domecq y notable el cierre de este domingo. Como decimos ya profundizaremos a su debido tiempo.

Y hoy la plaza llena de nuevo, como el río de Machado siempre con el mismo afán pero con distinta gente. caballo y toro, campo y plaza, Huelva y Escacena, Ventura y Romero hoy con Cartagena. Tarde muy larga, casi tres horas de festejos después del retraso habitual que empezando a las ocho supuso acabar a las once y dejarnos sin ver a Aute.

Se endulzó el chasco porque a finales los dioses justos del rejoneo (¿Existen?) nos regalaron una puerta grande para Andrés Romero que así acompañaba a sus compañeros de cartel de más experiencia y mayor números de festejos en su pasado y en su futuro. Cumbre el de Huelva, sin afligirse porque en su primero se le pidiese la oreja que el usía decidiese no otorgar por el mal efecto del rejón de muerte.

Él a torear que es lo suyo, batiendo cerca de la cara del toro, con una cuadra que presenta novedades importantes, remontando junto a los empresarios de Huelva, a los que brindó su primer toro y mirando siempre a ese fondo de cuadra que es Guajiro que ha vuelto por sus fueros en salud y torería. Muy entregado, muy cerca, muy con la gente de Huelva, muy con su mente en triunfar y su cuerpo puesto en arriesgar, dando los pechos y doblando la cintura hasta la torsión. En el que cerraba plaza, con la obligación autoimpuesta de triunfar, Romero, tras el eterno Guajiro, sacó a Odiel que al lado de la Ría homónima puso literalmente en pie la plaza. Tarde importante, otra más en esta su plaza, de un hombre que nunca lo tiene fácil y supo imponerse.

Lo de Ventura y Huelva es una relación  consolidada, complicada a veces, cariñosa y de entenderse con las miradas, con matices, pinchazos no habituales, costalazos importantes de los toros,  incidencias, mala suerte en los sorteos (no enlota una collera buena, nos dice el portugués, desde hace meses, serán cosas del amor). Este año lo hemos visto en Sevilla, en Madrid, en Almonte y ahora en Huelva. Les prometo que no sabría decir en que plaza ha sacado mejor cuadra, más ganas, ha arriesgado más, lo ha intentado de más formas… En la tarde de hoy lo puso todo, como siempre, cuando los bureles de Espartales decidieron no moverse. Entonces pidió a Nazarí y se olvidó de tarascadas, recortes de listo del espartal, y supo poner todo lo que le faltaba al bicho con el galope de costado al hilo de las tablas. Como este señor no sabe empatar, en el quinto salió con las riendas en los dientes y las manos dispuestas al triunfo, como el toro decidió no tener celo el jinete encuadró a ese ensueño que es Sueño y empezó a ronear de jaco con Roneo. Se dejaba llegar el toro y si no se montaba en lo alto, pases ceñidos y farpas siempre por arriba. Tuvo buen tino con el rejón definitivo y las dos orejas fueron consecuencia lógica y justa.

Cartagena, Andy, el sobrino de Gines y el primo del otro Ginés, ha vuelto por sus fueros, y ha estilizado esa forma de rejonear espectacular que los de Benidorm llevan en sus genes. Con esos alardes de doma lejos de la cara del toro y de dominio cuando se acerca el de los rizos negros. Con el nombre abreplaza Coco y Cúpido supieron enamorar y la oreja anunciaba tarde de triunfo, como al final así fue a la postre al consolidar en el cuarto un trunfo que se sustentó en la espectacularidad de un caballazo llamado Humano, un “peluo” espectacular que sabe tocar el violín como el niño Mozart. Ahí se calentó el hasta entonce frío rejoneador y levantó la tarde para lograr la ansiada puerta grande,

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