Escacena encumbra el teatro con Fuenteovejuna

Escacena teatro Fuenteovejuna (1) Escacena teatro Fuenteovejuna (2)Decía el grandísimo director británico Peter Brook que “cuando el teatro es necesario, no hay nada más necesario”. Sólo el tiempo será capaz de valorar en su justa medida la incalculable dimensión cultural que el teatro ha logrado alcanzar en Escacena del Campo, la pequeña localidad condal que en estos últimos años exhibe al mundo la magia del quinto arte desde el trabajo, la humildad y la ilusión de un pequeño grupo de mujeres y hombres que, agrupados en la Asociación de Mujeres Abril, han llenado de asombro y admiración a instituciones, administraciones, entidades y centenares de espectadores dentro y fuera de la geografía onubense.

La actuación del sábado 13 de agosto desbordó de nuevo todas las previsiones. Eva Lepe volvió a superarse por enésima vez. Su derroche imaginativo y su luminosa creatividad alcanzaron el cénit de su trayectoria como directora en Escacena del Campo. El reto no era baladí. Subir a las tablas una adaptación de la Fuenteovejuna de Lope de Vega, ese “monstruo de la naturaleza” que puso el teatro español a la altura de los libretos del mismísimo Shakespeare, pero tras lo visto, ya apenas quedan retos para este grupo amateur de teatro que, con la ilusión de niños pequeños, dan lo mejor de sí mismo y una y otra vez, sin límites.

Sobre el escenario improvisado que se instaló en la plaza del Ayuntamiento se produjo una mezcolanza de sensaciones que esta crónica jamás podría relatar en toda su extensión. Las palabras no estarían nunca a la altura de lo que se vio, se escuchó o se sintió. El pueblo de Escacena, todos a una, como fuente Ovejuna, lo presintió y no quedó una sola butaca libre. Centenares de espectadores cubrieron el aforo en los minutos previos al comienzo de la obra y decenas de personas tuvieron que agolparse en la periferia de la plaza, aunque fuera de pie, con tal de no perderse ese hechizo mágico con el que Eva Lepe rocía las actuaciones de su grupo de teatro. Su peculiar adaptación de uno de los llamados “dramas municipales” más destacados del siglo de oro mostró una Fuenteovejuna de hippies y heavies donde el reparto de actrices y actores cuajó una brillantísima interpretación sazonada de danzas con sábanas blancas, coreografías, música en directo, luces, sonidos, escenas compuestas de hasta 15 actores y fuegos artificiales como broche final a una actuación deslumbrante que pervivirá en la memoria colectiva de Escacena del Campo durante muchísimo tiempo.

En la noche del sábado 13 de agosto Laurencia, interpretada por Isabel Rodríguez, gritaba: ¡dadme unas armas a mí!, mirando desafiante a los espectadores. Hace algunos años, fue Eva Lepe quien, tras su llegada al pueblo natal de sus padres, empuñó las armas de la ilusión, la cultura y la esperanza. Su aportación a Escacena ha trascendido lo meramente escénico para convertirse en una revolución que ha terminado por encumbrar a la mujer como auténtica protagonista de su entorno rural, como motores de arte, compañerismo, convivencia y sentimiento de pertenencia a un proyecto común, haciéndolas conscientes de que pueden conseguir cualquier cosa que se propongan si trabajan con esfuerzo e ilusión.

El éxito de Eva Lepe es la prueba de que romper clichés, prejuicios e inercias negativas es posible desde la fascinante e irresistible fuerza de la cultura de verdad, aquella que libera a las personas y las acerca a los valores más inherentes de la dignidad humana.

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