Laberinto social.
Cacao maravillao.
[Federico Soubrier]

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federico soubrierMe parece increíble que en un país como EEUU un aspirante a la presidencia le pueda decir en público “asquerosa” a una señora aunque sea la candidata oponente, también que esta esté acusada de cubrir las fechorías sexuales de su marido, amedrentando a sus supuestas víctimas a sabiendas de la más famosa de las felaciones de geometría oval y poco menos que jugar al candy crush con información confidencial de estado. Sí me gusta que los que se presentan, de salida, sean millonarios, creo que eso da un poco más de tranquilidad a los votantes, aunque resulta curioso que Trump con esta jugada de marketing, en unas elecciones que no va a ganar por su falta de respeto a las mujeres y a los inmigrantes, al menos eso espero, pase de ser rico a posiblemente el millonario más popular del mundo, algo le beneficiará todo esto. Es curioso que allí, sobre la mesa, se jueguen las cartas de cara a ideas sexistas, sexuales o xenófobas y aquí, a la corrupción de todos los géneros y colores.

No creo que, por mucho suelo universitario en el que se produzca, nadie pueda o deba coartar la libertad de quien va a exponer sus ideas, aunque ese nadie sea la persona menos creíble del panorama político. Y no entiendo que opine lo mismo que yo quien instauró la “Ley mordaza”.

Me preocupa que el Partido Popular, que ha rehuido aplicar las recomendaciones del Consejo de Europa contra la corrupción, ya esté lanzando globos sondas sobre la necesidad de aplicar medidas, es decir recortes, en cuanto se forme el nuevo gobierno.  De Guindos, tras otro paseo europeo, declara que la herencia ascenderá a una deuda de 5.500 millones a costa del PIB ¡Menuda papeleta tenemos!

No entiendo que los bancos puedan seguir teniendo beneficios si todavía solo se ha recuperado un ocho por ciento del rescate que todos tenemos que pagar.

Yo le preguntaría a Javier Fernández, presidente de la Gestora del PSOE, qué quiso decir con eso de “tengo la sensación de que me entienden más fuera que dentro”. Me perdí ese capítulo tan fundamental de Barrio Sésamo y no sé dónde se encuentra Felipe González, solo lo digo por poder situarme.  Si la abstención, tal y como él dice, no es apoyar al PP, seguramente los pedos salgan sin aire.

Comprendo que es más que discutible que Pablo Iglesias no considere oportuno asistir al desfile de las Fuerzas Armadas, pero me parece una hipocresía que a Rajoy se le escapase a micrófono abierto “mañana tengo el coñazo del desfile” y después se presente por allí con “el ji ji y el ja ja” cuando son demasiadas personas las que se toman muy en serio el acto en el que están participando o, en su caso, asistiendo. Los valores pueden tener diferentes tendencias, acertadas o equivocadas, pero como única premisa tienen que ser serios.

Tampoco tengo claro por qué Susana Díaz me recuerda a Marco Junio Bruto, uno de los más famosos asesinos de Julio Cesar, hecho por el que Roma dejó de verlo como el salvador de la República y le dio la espalda.

Lo que tengo más claro es que se deberían implementar las medidas necesarias para que ningún país pueda estar diez meses con un gobierno en funciones. Al parecer, aquí nadie está a la altura de poder gobernar, porque le faltan votos, le sobran corruptos o ambas cosas.

De Ciudadanos no hablo, porque al amanecer no sé de qué lado estará, seguro que del de la foto.

Ahora se sacan de la chistera que a partir de los sesenta y cinco años podemos cobrar la pensión y un sueldo completo si seguimos trabajando, ¿hasta que nos parta un rayo y a los jóvenes también? Que suban las pensiones con el dinero de Panamá y nos dejen descansar. Mientras, el modelo sueco reduce la jornada laboral a seis horas con el mismo salario, ¡que nos presten durante una legislatura un gobierno así!

Mañana, “el socialismo español, al menos sus representantes”, más que posiblemente entregará el cetro a la derecha, con mucha menos vergüenza de la que lo hiciese Japón en su día a los Norteamericanos y aquí, no habrá pasado nada. No soy adivino, pero aquí queda mi vaticinio.

Tengo un “cacao maravillao” en mi cerebro, pero “afortunadamente” muchos se desviven en corrillos, pasillos y habitaciones para que no necesite aclararme para votar por tercera vez.

Federico Soubrier García

Sociólogo y Escritor

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