VENTANA DEL AIRE.
Donjuanismos.
[Juan Andivia]

juan andiviaLos donjuanes que en el mundo (de la literatura) han sido eran también lo que hoy podríamos llamar unos maltratadores y, en ausencia de la llamada ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, todos acaban condenados por la “justicia de Dios: quien tal hace, que tal pague”, como dijo don Gonzalo en el “El burlador de Sevilla”, de Tirso de Molina. Corría entonces el principio del siglo XVII.

Así ocurre en sus sucesores de Corneille, Molière, Lord Byron, Dumas, Bernard Shaw, Valle Inclán y otros, todos se condenan menos uno, el Don Juan Tenorio de Zorrilla, en el diecinueve, que aparece como alguien capaz de arrepentirse, aunque muy muy al final de su vida-obra y que acaba redimido por el amor de doña Inés. (Ya hay que estar enamorada, para que el tarambana, perverso, libertino, calavera y faldero del Tenorio sea rescatado por el espectro de su amada, que ni siquiera es capaz de pasar a mejor vida sin él).

Y aquí radica el éxito de estos embaucadores, que provistos de rasgos naturales de incapacidad de amar, hipersexualidad, fascismo amoroso, desengaños o abandono, se aprovechan de quienes, digan lo que digan, se vinculan enfermizamente a un cuerpo, a unos ojos o a un trato.

La literatura les llamará después casanovas, bradomines, dráculas y mañaras; burladores al fin y donjuanes siempre.

No imagino a una mujer libre, con recursos económicos propios, con amigos, familia y bien formada dejándose secuestrar emocionalmente por un individuo de las características anteriores, aunque existirá, pero este tipo de mujer es el antídoto contra los machitos que engatusan en la adolescencia, que aíslan a sus víctimas, que impiden que estudien, se formen y trabajen, preparándolas para esa dependencia que, finalmente, acaba tantas veces en las páginas de los periódicos. Ni imagino un suicidio por amor de mujeres como Elvira en “El estudiante de Salamanca”, conociendo ya el prenda que se la ha jugado. Sospecho que únicamente la inmadurez, el infantilismo, la obsesión por los hijos y la precariedad son las bazas que maneja el impío, para seguir encandilando a quien no tiene más mundo, más vida, más cultura que las cuadro paredes de su cocina.

Sí, existen los donjuanes, aunque no pregonen sus conquistas, pero con la misma falta de respeto, la misma insolencia y chulería del personaje de ficción. A ver si entre todos hacemos despertar a las doñaineses y elviras para que se armen de los instrumentos que el mundo de hoy les proporciona y dejen de ser esos personajes maltratados y -ojalá- anacrónicos.

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