TERETES.
La lotería norteamericana.
[Paco Velasco]

Paco VelascoLa idea de que no se cree en las meigas a pesar de que las hay, resume el debate entre razón y fe o entre ciencia y patraña. No pocas veces la razón se tiñe de fe y la patraña parasita el cuerpo de la ciencia. Dicen que la controversia es, de tan antigua, rancia. Pero no. En la sociedad de nuestros días, el dilema sigue latiendo. La gente se casa en templos católicos por más que no ha visitado su interior salvo para asistir a la boda solemne de algún allegado. Del mismo modo que los iluminados se vuelven insensibles a la fe de carbonero de tantos y tantos creyentes cuyo único demérito es la ausencia de práctica religiosa.

Un antiguo amigo, al que no veía desde mi adolescencia, me citó para charlar sobre el recorrido de nuestras vidas en un bar cercano a una iglesia céntrica media hora antes de que comenzara la misa dominical. Es decir, la referencia del encuentro era, espacialmente, un templo católico y, en cuanto al señalamiento temporal, un horario propio de manifestación absolutamente religiosa. Podíamos haber quedado en la puerta del Ayuntamiento al mediodía y, sin embargo, para evitar interferencias, donde siempre. Una reedición, en definitiva, de lo que se llevaba a cabo cuarenta o cincuenta años antes. En cuyo caso, nada, o muy poco, ha cambiado.

Algo similar nos ocurre con la lotería. Apenas se acerca la fiesta navideña, todo parece empaparse de dulce caridad cristiana y un manto de felicidad refugia en su interior a las personas más dadas a la exacerbación de la sensibilidad. En ese contexto, jugarse el dinero en un décimo de lotería forma parte de ese plus de necesidad que todos nos creamos a fin, sostenemos en nuestro interior, de ayudar a nuestros semejantes más desamparados.

Sin embargo, la lotería nos sirve para un roto y para un descosido. Se nos presenta como un dechado de casualidad cuando no deja de ser una figura de coincidencia. El 22 de diciembre nunca será fecha de casualidades sino de coincidencias. Las circunstancias de esa fecha se combinan de tal forma que nadie puede prever ni evitar que seamos agraciados siquiera con un raquítico, pero reconfortante, reintegro. Las coincidencias, sí. Sí porque convenimos que si toca al vecino o al compañero, el disgusto se acrecienta hasta el infinito. Y ello porque nadie nos ha impedido que concurramos al sorteo de forma simultánea y en un mismo lugar.

La lotería es un reflejo de nuestras vidas. Las transformaciones sociales nos ponen de relieve que todos estamos aquí de casualidad porque de casualidad vivimos. Entre Clinton y Trump, no cabe la casualidad. El triunfo de una o de otro es previsible e inevitable. Sí cabe la coincidencia expresada en número de votantes. Prevalece la causalidad en tanto la convicción o la conciencia o vaya usted a saber qué intereses han decantado la victoria hacia demócratas de un lado u otro. No puedo creer que el destino, salvo la muerte, sea inmutable. Un hecho corriente se convierte en algo extraordinario según la percepción de cada sujeto.

Hasta qué punto, concluyo, Reagan fue mejor o peor presidente que Bill Clinton y que Obama haya superado en ineficiencia al mismísimo Bush. Qué más da la presidencia de Donald o la de Hillary si el destino de casi todo el mundo depende del poder financiero, y del gasto militar, que tanto monta, de Estados Unidos.

De lotería, poco. De América del Norte, muchísimo. Como decía Kafka, la meta más admirable es la normalidad. ¿Normalidad en unas elecciones norteamericanas? ¿Por qué me vienen a la memoria Dallas y Kennedy? ¿Por qué?

NOTA DEL ARTICULISTA

Este artículo fue escrito el pasado martes, antes del escrutinio de las elecciones presidenciales.

One Response to TERETES.
La lotería norteamericana.
[Paco Velasco]

  1. Aurelio Pino Domínguez

    Usted ha escrito otro magnífico artículo antes de las pasadas elecciones para elegir un candidato a la Presidencia de los EE.UU.; yo he leido este artículo después de decantarse los resultados por el kalimerísimo Ronal Trump.
    Le recomiendo que si se quiere reir un poco, vaya recorriendo el abanico de mentideros políticos que nos ofrece la radio o la televisión. Ahora todos quieren ir viendo la parte buena del kalimeroso Trump y la parte mala de Hilariy (Hilaria para sus enemigos, pues ahora su derrota les causas risita contenida). Cada día que pase, se irá acrecentando la posible parte buena de Trump y el olvido “merecido” de “la Hilaria”. ¡Vamos, otro libreto para una zarzuela!. Mi pregunta es si Putin no se arrepentirá de su calculada alegría por tener como socio en el Poder Terrenal a otro multimillonario como él, llamado Ronald Trump.

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