TERETES.
Miedo al Trumpazo.
[Paco Velasco]

Paco VelascoNo sé dónde leí que el miedo a un mal, es la antesala de una fatalidad. La irrupción democrática, insisto, democrática, de Trump en la escena política mundial ha hecho saltar los plomos de la casa global. El demonio se viste de Trump y el infierno toma cuerpo en Estados Unidos. La mayoría de los norteamericanos han jugado a la “ouija” y la broma satánica se ha vuelto vera diabólica.

Cuando los demócratas vendemos nuestra inacción como prudencia, el miedo habita en los parlamentos y se potencia en los mass media. A partir de esta idea, los temerosos colocan mojones kilométricos en la ruta hacia su esclavitud inevitable. El miedo ahuyenta la sabiduría y el corazón ingresa en la prisión de los desventurados.

Trump provoca miedo. Uno se pregunta de inmediato en qué consiste ese miedo. Una democracia atemoriza y, sin embargo, las dictaduras que en el mundo son, pasan desapercibidas. Quién explica esta paradoja. El gran Aldous Huxley escribió que el miedo llega a expulsar del hombre su misma humanidad. El miedo a Trump es un miedo dirigido desde las entrañas del propio “stablishment” y difundido, urbi et orbi, por los cultivadores de la basura que las crisis generan. Trump provoca miedo y Putin arranca abrazos. Hitler fue un mal bicho y Stalin, un alma cándida.

En qué mundo vivimos cuando las apariencias se apoderan de nuestra vida y la esencia es ocultada en los subterráneos de las Fukushimas de nuestro desamparo. Los ataques a Trump han de incardinarse con el Brexit. El ala inglesa de la economía universal se está derechizando a marchas forzadas. Las libertades, otrora lideradas por los Estados Unidos, por Inglaterra y por Francia, no se defienden ya en zona, sino que se impone el pressing. Muros arriba, pobres abajo.  Dónde perdimos nuestra conciencia para estar pagando tan caro nuestra pasividad. En qué gatos escaldados nos hemos convertido que huimos del agua fría.

La dialéctica del poder refrenda la deriva de la autoridad. Mientras ponemos el oído en América del Norte, apenas nos llegan los ruidos sísmicos de los independentistas hispanófobos, las barahúndas de los incendiarios de libros de leyes españolas y el estruendo del terrorismo más criminal que atenta contra los principios constitucionales de nuestra joven democracia. Qué miedo a Trump cuando las fieras corrupias son los rufianes que crecen como las malvas en los cementerios, o los dirigentes corruptos que nos atracan con sus tarjetas negras de platino, o los mercenarios audiovisuales que publicitan al mismísimo leviatán. Ellos son los verdugos. Ocultan su miedo en sus capuchas tenebrosas que son la antesala del caos que ha de venir, inexorable, si no le echamos narices a nuestra patología de cobardes y evitamos el crimen que puede conducirnos al funesto fenómeno del guerracivilismo que ya alientan los entusiastas del “divide España y vencerá la muerte”.

Para Trumpazo, el que nos van a propinar Mas, Forcadel y toda la “famiglia” mafiosa y fascista que tiene abducida a Cataluña. Para Trumpazo, el que nos van a largar los Monedero y demás compañeros de farra. Para Trumpazo, la escisión del Psoe, pata de banco necesaria para la sostenibilidad de España. Y para Trumpazo, el de Rajoy si cede ante las bravatas de los nombrados. Basta de miedos. Trumpazo al miedo.

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