Congreso Internacional de Cambio Climático

TERETES.
La pasión de los Iglesias.
[Paco Velasco]

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Paco VelascoAlguno de los tres o cuatro lectores que pierden su tiempo de ocio con mis artículos en este medio, me ha espetado en alguna ocasión que cuando la tomo con alguien, soy como el tío de la vara, que no paro hasta dejar seco el palo. Lo cual, reconocido por este articulista, tiene mucho de verdad.

El fenómeno Podemos es más antiguo que el papiro. El poder es una pasión y contra ella, las embestidas morales resultan ilusorias. Ya lo decía el poeta Rubén Darío en términos parecidos a los siguientes: “Y cuando la montaña de la vida nos es dura, larga, alta y llena de abismos, amamos la
inmensidad encendida de amor”. Frente a la montaña infranqueable del poder desmedido, acaso nos consuele la escasa duración del mismo y contra su finitud se contempla la estabilidad como puente de comunicación.

El señor Iglesias, de parientes censores y ejecutores, se ha subido a una moto insostenible que acabará pisándole y explotándole entre las manos hasta esparcir sus desvencijadas ideas por el desierto de su soberbia de dictador. Su confrontación dialéctica con el amiguito Errejón forma parte del escenario de vanidad y de vacío. Vincular las ideas al cargo resulta grotesco y zafio. La democracia no entiende de individualismos perversos proclives a aplastar el pensamiento de la colectividad.

Podemos se debate entre la línea blanda del socialismo pluscuamperfecto que abandonó el Psoe y la frontera de hierro que levantan los insípidos, cutres y enloquecidos dirigentes del comunismo más pueril que contemplaron los dos últimos siglos. Podemos quiere responder las demandas de los afligidos e indignados con la bandera de la ridiculez garzoniana, mezcla inasumible en las leyes de la física y de la ética. Todos pobres de remate. Unidos hasta el adviento del hambre general. Uno de los grandes venenos contemporáneos es la ignorancia que, llevada a la pasión, termina por convertirse en instrumento de agresión personal y de masiva destrucción.

La tragedia de las buenas intenciones se revela en toda su crudeza cuando nos damos cuenta de que hemos entregado el poder democrático a quienes han utilizado medios culpables de engaño. En ese momento, los buenos propósitos se desvanecen y los sujetos de la estafa se mofan de la ingenuidad cómplice de los ciudadanos. Lo que nos faltaba es que mi antipática Susana Díaz se deje adelantar por mi indeseada Teresa Rodríguez, la indefinible lideresa podemita de esta Andalucía de mis amores. Entre el adjetivo de la presidenta y el de la representante de la oposición, media un océano de libertad y de seguridad. A favor de la primera, claro.

La pasión de los Iglesias no deja de ser un sismo que sepulta cuerpos y almas. Vade retro.

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3 comentarios

  1. Inés del Mar on

    El problema no es que la tome con alguien, como dice el Sr. Velasco, el problema es que todos los artículos se convierten en una cacería humana, a diestro y siniestro, en una sinfonía de pura querulancia; alejada de la realidad.

  2. Realmente sus comentarios suelen tener un sentido atemporal, porque lo que dice en el penúltimo párrafo sobre “entregar el poder democrático a quienes han utilizado medios culpables de engaño”, se podría aplicar perfectamente a lo ocurrido en las elecciones de hace cinco años.

  3. Me precio de ser uno de sus tres o cuatro lectores (me sospecho que bastantes más) y le ruego continúe utilizando su fina pluma. Me ha encantado, entre otras cosas, su genial comparación entre esas dos aspirantes lideresas andaluzas. Cordiales saludos.

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