TERETES.
La bancada.
[Paco Velasco]

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Paco VelascoEn la jerga anticapitalista, la bancada es el parlamento convenientemente sordo de los banqueros, con independencia de su adscripción política o de sus simpatías separatistas. Lo único que escuchan, y lo hacen maravillosamente, es el tintineo de las monedas que les entregamos los consumidores y usuarios cuando nos esquilan con las poderosas tijeras de sus cláusulas abusivas. Dicen que a todo cerdo le viene su sanmartín. Bueno, no es del todo cierto pero nos sirve para nuestra siguiente reflexión.

La reciente sentencia europea sobre devoluciones de perras a los españolitos, tiene de los nervios a los magnates/mangantes de la bancada. Al fallo del Supremo sobre el carácter abusivo de las cláusula suelo, se une ahora la resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea por la que estas entidades deberán reintegrar a sus clientes hipotecarios las sumas injustamente cobradas. Pero no desde 2013, sino con carácter retroactivo, desde la firma del préstamo.

Los financieros están de un contento que me apena. No sé si las letras conducen exactamente el tenor del sarcasmo. En un horizonte próximo habrán de soltar pasta por miles de millones de euros a los afectados por el fraude descubierto. Si se hunden en bolsa, el problema es de ellos, porque en vez de ganar cien, sólo percibirán noventa y cinco. Y claro, en este despiadado juego de enemigos desiguales, una pérdida de ese exiguo porcentaje constituye una hecatombe para estos adalides del capitalismo más feroz.

La jugada previsible es que se opondrán judicialmente a soltar un céntimo. Se trata de ganar tiempo y que no se perjudique a los dividendos del sanedrín. Se estima que, después de una ristra de sentencias favorables a los sufridos usuarios, abandonarán la lucha jurisdiccional y comerán las uvas pasas del acuerdo extrajudicial. Máxime si se tiene en cuenta que serán los juzgados de primera instancia, y no los de mercantil, quienes se hagan cargo de las miles de demandas que se avizoran. Al cabo, servidor se pregunta quiénes son los atracadores. Unos terminan con sus huesos en la cárcel del desahucio. Otros se forran los bajos hediondos desde lo alto de su impunidad. Si los jueces disponen, además, la condena en costas, esta gente de guante blanco se palparía la ropa antes de armarse de la temeridad y de la mala fe de la que vienen haciendo gala.

No cabe duda, a tenor de los precedentes, que la bancada recurrirá a nuevos despidos en masa para atenuar los efectos del palo recibido en sus partes. Los empleados serán los primeros paganos del entuerto diseñado, propiciado y ejecutado por los mandos de la gran chingada. El TJUE les acaba de propinar un quebranto jurídico que, ojalá y pronto, se traduzca en un estacazo a sus modos inaceptables de aprovecharse de las necesidades ajenas. El cachiporrazo puede servirles de escarmiento durante un par de meses. Luego, la desazón retornará a los de siempre, la clientela necesitada.

En este sentido, el Gobierno no puede escudarse en la barrera dialéctica del negocio privado entre potentados y clientes. De escurrir el bulto, nada. De trasladar los toriles a los juzgados, menos. Nos encontramos ante un abuso de poder por parte de la bancada que deja maniatados a los ciudadanos. No es, pues, un asunto privado. Es un tema público que lesiona derechos de miles de personas a las que se desprovee de sus garantías constitucionales. Los partidos de la oposición serían cómplices si no arman la marimorena.

Por consiguiente, el Ejecutivo debe mojarse. So pena de alinearse en el bando de los esbirros al tiempo que se afana en ocultar los pendones de la bancada más reaccionaria. Tetas y sopas, ya se sabe. A ver si de una puñetera vez los pobres ganan siquiera las migajas de su razón.

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