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Felipe Zapico presenta en Ayamonte su último poemario

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(Texto y fotos: José Luis Rúa)  Llegamos al final de un nuevo año y para mantener la tradición y el ritmo de creación, Poetas del Guadiana, a través de su colección “Los libros del Estraperlo”, actualmente publicados por la editorial sevillana Wanceulen, presentaban el número diez de su colección del autor extremeño Felipe Zapico, “vados de paso oculto”.

Gema Martin, concejala de cultura del ayuntamiento ayamontino abría el primero de los actos programados, en esta ocasión en la Casa Grande de la ciudad fronteriza y se sentía orgullosa, de ver como los poetas de la frontera mantienen su ritmo y su ilusión por sacar a la luz lo último de los rapsodas de aquí, y de algo más allá, ahora de Extremadura. Marcos Gualda, genio y figura en la creación y la performance, conocedor y admirador del autor, fue capaz de desglosar algunas de las cosas más importantes de este autor, gran hombre, que a más de uno recuerda a los viejos roqueros o a los nostálgicos moteros de los ochenta.

Felipe Zapico, nacido en León y desde hace algún tiempo residente en Badajoz, donde ejerce su magisterio como doctor en Documentación por la Universidad de Salamanca y siendo profesor de Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Extremadura. Aun mantiene en el recuerdo de muchos de los presentes, sus variadas facetas más destacadas de actor, fotógrafo viajero, voz cantante del mítico grupo leonés Deicidas y escritor, en estos días,  de poemas y letras de canciones.

El propio autor, fue capaz no solo de mantener la atención por todo aquello que contaba, por sus poemas recitados en la más cómoda de las sensaciones de una fría noche de fin de año, sino también fue capaz ante la insistencia de su amigo el poeta de Canela, Eladio Orta, de cantar el tema Moderno de cartón piedra. Fue el cierre a su lectura siempre personal y transgresora, de varios de los poemas que conforman este poemario nacido en la misma desembocadura del gran rio que ve pasar por su habitación de cada día.

El periplo de actuación de este autor, no se quedo enmarcado en Ayamonte, sino que al día siguiente y poco antes de que las campanadas dieran el adiós definitivo a este 2016, recorrió con admiración y nostalgia, la casa del párroco de Cacela Velha y sus pocas pero hermosas calles empedradas y casi vacías. Escuchó a los pies del mosaico que recuerda al ilustre poeta árabe de la bella Cacela, -( Ibn Darraj al-Qartalli  958-1030) el relatorio que le hizo Eladio Orta, mientras cámaras de distinto signo, gravaban para la posteridad todo lo que se decía y hacia. “ Son cosas que pasan y se quedan bailando la comba en la memoria, a la espera de un flash momentáneo que sopese el cocimiento. Por ejemplo: No escribo para otros // escribir para nadie / me compromete. Estos y otros versos nos une en el desvelo poético. Y ahí anda, en el intento Felipe Zapico, dejando caer en la maceta la gota de agua resucitadora para ver si hay suerte y florece el misterio en una de estas crecidas turbadoras.”

Luego, resonaron poemas camino de la playa rebosante de pleamar. Junto a la tumba de Manuel Cabanas, en el viejo cementerio, o en el camino de salida destino a nueva plaza. Eladio Orta, Antonio Cabrita, Clara Correia o Isabel Calheiros, compitieron en lenguaje y ritmo, pero alabando la creación del visitante. Y con rumbo a la casa de las marionetas de Villa Real, el grupo hizo lo posible e imposible por dejar constancia de todo cuanto nace y crece en estas tierras del Bajo Guadiana y que son el germen de esta explosión de color que nace en cada nueva primavera. Felipe Zapico no necesitó de mucho esfuerzo para convencer de su buen hacer poético, ni tuvo que derramar más versos de los necesarios. Zapi, como le definen Eladio o Cabrita, se ganó la admiración y el respeto de quienes aun no le conocían y supo salir despacio camino de otro escenario que ya espera la presentación de este, su sexto poemario en un año 2016 prolífico donde los haya.

Una jornada intensa, aprovechando todas las opciones y todos los públicos y unos escenarios naturales que Felipe se lleva en su mochila viajera, hacía los espacios que habita día a día. Nos quedamos con sus lecturas, su humanidad y sus ganas de querer amar todo aquello que se le antoja repleto de naturalidad y buenas maneras. Buen viaje amigo.

 

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